lunes, 18 de septiembre de 2017

Un libro sobre el aborto

Empresarios que amenazan a mujeres con despedirlas si no abortan, padres que empujan a sus hijas al interior del abortorio o trabajadoras sociales que ofrecen como única ayuda a una mujer embarazada pagarle el aborto con la condición de que le devuelvan el dinero a plazos son algunos testimonios que recoge el periodista Juan José Montes en su libro “Secretos. 15 mujeres se confiesan”, editado por EDIBESA.

Violencia y coacción a la mujeres
En él un grupo de mujeres demuestran que en la interrupción voluntaria del embarazo lo único cierto es el embarazo, porque ni es interrupción, ya que no es susceptible de continuidad, ni es en la mayoría de los casos voluntaria.

"Si no abortas... te despido; y el novio la abandonó"
Cuando Vanesa se quedó embarazada tenía 32 años, una niña de 12 y un buen puesto de trabajo. Su jefe le dijo que si no abortaba la despedía, y su novio la dejó.

La presión le pudo y fue a abortar, pero ya en el potro y medio anestesiada se levantó y salió corriendo, desnuda, tapada tan solo con una sábana que encontró en la fuga. La niña, que vive por un par de minutos, se llama María, tiene un año y medio y, además de ser una preciosidad, es la alegría de su madre.

“La verdad es que no encontré apoyo ninguno, solamente el de Redmadre y luego Pro-vida. Piensa lo que es cuando te acercas a una trabajadora social o a planificación familiar y no te encuentras ninguna mujer que te diga: ´Oye, mira, piénsatelo bien, llevas una vida dentro´. Eso falla, eso falla; es más sencillo firmar y mandarte a abortar, se quitan el mochuelo de encima ¿sabes? Así funciona”.



Llorar después de un aborto
Como afirma la periodista Cristina López Schlisting en el prólogo del libro, “La mujer que aborta suele hacerlo en secreto. A veces pasan décadas y sigue llorando por ello. A muy poca gente le preocupa, lo único relevante es que no dé la lata. La que se plantea la duda o apuesta por seguir con su embarazo, queda a menudo como una imbécil que no supo poner los métodos para evitarlo, cedió a la promiscuidad o no estudió lo suficiente para saber cómo comportarse razonablemente. Lo cierto es que unas y otras están solas”. Esa, la soledad, es el campo de batalla donde juega sus bazas la presión.

Su padre la agarró y la empujaba al abortorio
El caso de Estefanía es prueba de lo dicho: su madre le dice que tiene que abortar y su padre llega a agarrarla por un brazo y empujarla para que entrara en el abortorio mientras la amenazaba a ella y a su madre, de la que estaba separado, con retirarle la pensión de 150 euros si no abortaba. Finalmente Estefanía huye. Cuando se encuentra con su novio éste le implora: “Dime, por favor, que no has entrado”. “Entonces yo le contesté –dice Estefanía- ¡pues claro que no he entrado! Entonces se echó a reír y empezó a llorar, estaba muy contento, deseando verme, yo también estaba muy contenta”.

Su valentía tuvo premio porque a los siete u ocho meses de embarazo empezó a hablar con su padre. “Me dijo que me iba ayudar –advierte Estefanía- y cuando nació la niña fue a vernos. Estaba contento".



Tuvo cita para abortar dos veces
En términos similares se expresa Verónica, que tuvo cita para abortar dos veces y no acudió ninguna. Sus padres la presionaban para que abortara, y su novio, y sus circunstancias económicas, y las laborales. Fue su propia familia la que la orientó para pedir la cita.

La primera cita la evitó tomando café la mañana señalada, lo que le impedía ser anestesiada. Le dieron otra. Días antes de que llegara la segunda “veía muchos libros sobre la evolución de la vida de un niño en el interior de su madre, e iba viendo cómo era en ese momento mi hija dentro de mí. También veía vídeos de cómo se hacía un aborto. Era terrible… Lo más importante es que durante esos días estaba haciendo un curso de informática. No había dejado de entrar en foros, pero con el cursillo tenía más oportunidad de hacerlo. En ese momento conocí la existencia de Pro-vida, una asociación que ayudaba a mujeres embarazadas con problemas, y vi el cielo abierto”.



Los mellizos se salvaron por 24 horas
Las asociaciones de defensa de la vida son conscientes de que la comunicación con la embarazada es fundamental, así como las personas que intervengan. La prueba son Bruno y Tomás, hermanos mellizos. Iban a ser abortados en la ciudad portuguesa de Portalegre el viernes 21 de marzo del año 2014;  48 horas antes su madre, Sabina, habló con una trabajadora social, y ésta a su vez la puso en contacto con Daniel, un médico español que trabaja en la zona. Daniel la citó para hablar con ella la víspera del aborto. 24 horas antes se paró el reloj.

Uno de los asuntos que se ponen de manifiesto en este libro es la admisión de la eugenesia por parte de amplios sectores de la medicina. Determinadas pruebas prenatales son una auténtica selección de la raza, de manera que si existen determinadas probabilidades de que el niño tenga síndrome de Down o alguna discapacidad física, tiene muchas papeletas para no nacer. El screening o la amniocentesis están diezmando la población de niños con síndrome de Down, un verdadero escándalo silencioso y silenciado.

El hombre debe apoyar a la mujer, pero...
Jessica, otra de las chicas que cuenta sus “secretos”,  asegura que cuando un hombre le dice a una mujer: “¿Ahora qué vas a hacer?” o “¿Yo te apoyaré en la decisión que tomes?”, la está matando, “porque aunque con esa afirmación aparentemente la ayuda, lo que le está diciendo es: si lo eliminas, no me importa”.

¿Connivencia entre abortorios y centros de planificación?
En los testimonios de estas mujeres se deja entrever connivencia entre los centros de planificación familiar y los abortorios. Estefanía acude embarazada de cuatro semanas a uno de estos centros, donde le facilitan una cita para abortar dos meses después, con lo que se intuye que lo que podía haber sido un aborto químico, se convierte en un aborto quirúrgico, además pagado por la Seguridad Social y con un costo mucho más elevado económicamente hablando.

En los abortorios no se enseñan las ecografías
Un denominador común en todos los casos es que en los abortorios o en los centros de planificación familiar no se enseñan las ecografías, con lo que se hurtan a la madre elementos de conocimiento para tomar una supuesta decisión. Aunque la versión oficial es que se hace para evitar sufrimiento a la madre, lo cierto es que la razón es no perder “clientela”, ya que un alto porcentaje de mujeres que ven a sus hijos en la ecografía o escuchan el latido de su corazón desisten de abortar.

Un libro definitivo para conocer el drama del aborto
Como afirma el sacerdote y escritor Jesús Sánchez Adalid en el epílogo, “’Secretos. 15 mujeres se confiesan’ aporta un enfoque  absolutamente necesario sobre el aborto, que no sólo complementa las formas tradicionales de plantearse la cuestión, centradas en análisis médicos, filosóficos o jurídicos… sino que reflexiona periodísticamente sobre el asunto y afronta además la perspectiva de misericordia, explotación e ignorancia, que rodea y condiciona, tristemente el tema del aborto”.

Título: Secretos. 15 mujeres se confiesan
Autor: Juan José Montes González
Editorial: Edibesa
PVP: 10 euros
Páginas: 144
Comprar: Edibesa

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Abortar para tener éxito

En Hollywood, no es raro escuchar que a las mujeres embarazadas se les presiona para que aborten bajo la amenaza de que si no perderán su carrera profesional. Antiguas estrellas de Hollywood como Jean Harlow, Joan Crawford, Bette Davis, Ava Gardner, y Judy Garland han abortado debido a la presión de los estudios de cine con los que tenían contratos.
Lamentablemente, a día de hoy continúa esta presión. Sin embargo, la cantante Keke Wyatt no entró en tan sucio juego. Es una excepción.

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Wyatt es ahora una cantante de éxito, con varios éxitos en las listas de Billboard. Cuando tenía 18 años tuvo su gran oportunidad en Hollywood, según ha informado LiveActionNews. Wyatt, que estaba casada en ese momento, se quedó embarazada. Los ejecutivos del estudio le dijeron que no tuviese al bebé. La gente que trabajaba a su alrededor quería que abortase y le decía que “iba a terminar su carrera”. A pesar de esto, Wyatt dio a luz y todavía sigue triunfando.
Actualmente, Wyatt está nuevamente embarazada. Ella cree que tiene “una unción sobre la maternidad”.
“Los bebés no se interponen en el camino profesional. Si eso es lo que el Señor tenía para mí desde el principio, no hay nada que pueda hacer y ni nadie que pueda decidir sobre eso”, asegura la cantante.
“Los niños me dan más poder para luchar… esa fue mi gasolina”
Wyatt dice que sus hijos son los que la ayudan a tener éxito. “Ellos me dan más poder para luchar. Esa fue mi gasolina” y señala que “cada vez que tiene un bebé más pelea y nunca va a dejar de luchar”.

Keke Wyatt acompañada de sus hijos.
La cantante también ha sido portavoz de la Coalición Nacional contra la Violencia Doméstica (NCADV); sufrió abusos en su primer matrimonio y dejó a su marido para proteger a sus hijos. Ahora está casada con el político canadiense Michael Ford, y entre los dos, tienen nueve hijos.
Sin duda, la historia de Wyatt demuestra que las mujeres no necesitan abortar para tener éxito.
 http://www.actuall.com/vida/para-triunfar-en-hollywood-hay-que-abortar-la-cantante-keke-wyatt-es-una-excepcionl/

martes, 12 de septiembre de 2017

La verdad sobre la transexualidad

Hasta 1975, cuando me convertí en jefe de psiquiatría del John Hopkins Hospital, no solía compartir mis sugerencias sobre estas cuestiones. Pero cuando se me dio autoridad sobre todos los casos en el Departamento de Psiquiatría me di cuenta de que si era pasivo estaría eligiendo tácitamente impulsar la cirugía de cambio de sexo en el departamento que la había propuesto en origen, y que seguía defendiéndola.

Decidí desafiar lo que yo consideraba ser una mala dirección de la psiquiatría y exigir más información, tanto antes como después de las operaciones.

Dos "dogmas de género" a estudio
Dos cuestiones se presentaron como objetivo de estudio. Primero, quería examinar la declaración según la cual los hombres que habían sido operados de cambio de sexo habían encontrado la solución a sus muchos problemas psicológicos.

Segundo (y esto era más ambicioso), quería ver si los niños con genitales ambiguos que eran transformados quirúrgicamente en niñas y educados como tales, como afirmaba la teoría (del Hopkins), se normalizaban con facilidad en la identidad sexual que se había elegido para ellos.

Estas afirmaciones habían generado la opinión en círculos psiquiátricos de que el "sexo" y el "género" de una persona eran cosas distintas: el sexo estaba determinado genética y hormonalmente desde la concepción, mientras que el género estaba modelado por la cultura mediante la acción de la familia y otros durante la infancia.

La primera cuestión era más fácil y sólo requería que yo impulsara la investigación continua en comportamiento sexual humano de un miembro de la facultad que fuera un estudiante con capacidad.

El psiquiatra y psicoanalista Jon Meyer ya estaba desarrollando un método para hacer el seguimiento de adultos que habían sido operados de cambio de sexo en el Hopkins para ver en qué medida la cirugía les había ayudado.

Encontró que la mayoría de los pacientes que había localizado años después de la cirugía estaban satisfechos con lo que habían hecho; sólo unos cuantos se arrepentían. Pero en el resto de los aspectos habían cambiado poco en lo que se refiere a sus condiciones psicológicas. Seguían teniendo los mismos problemas que antes con las relaciones, el trabajo y las emociones. La esperanza que tenían de superar sus dificultades emocionales para mejorar psicológicamente no se había cumplido.

Arreglar sus mentes, no sus genitales
Leímos los resultados como demostración de que del mismo modo que estos hombres disfrutaban del travestismo antes de la operación, después de ella les gustaba vivir en el sexo opuesto, pero no se sentían mejor en su integración psicológica ni la vivían mejor.

Con estos hechos en la mano llegué a la conclusión de que el Hopkins estaba fundamentalmente colaborando con una enfermedad mental.

Pensé que nosotros, los psiquiatras, teníamos que concentrarnos en intentar arreglar sus mentes y no sus genitales.

¿Qué lleva a pedir el cambio de sexo quirúrgico?
Gracias a su investigación, el Dr. Meyer pudo dar algo de sentido a los trastornos mentales que estaban llevando a solicitar este tratamiento inusual y radical. La mayoría de los casos cayeron dentro de uno de estos dos grupos que menciono a continuación, bastante diferentes entre ellos.

Un grupo consistía en hombres homosexuales conflictivos y guiados por un sentido de culpa que veían en el cambio de sexo un modo de resolver sus conflictos sobre la homosexualidad, pues les permitiría comportarse sexualmente como mujeres con hombres.

El otro grupo -la mayoría, hombres más mayores- estaba formado por varones heterosexuales (y algunos bisexuales) que sentían gran excitación sexual al travestirse de mujeres. A medida que envejecían, estaban cada vez más deseosos de añadir verosimilitud a sus disfraces y buscaban o se les sugería una transformación quirúrgica que incluía implantes mamarios, amputación del pene y reconstrucción pélvica para parecerse a una mujer.

Posteriores estudios sobre sujetos similares en los servicios de psiquiatría del Clark Institute de Toronto identificaron a estos hombres por la auto-excitación que sentían al imitar a mujeres seductoras sexualmente.

Muchos de ellos imaginaban que sus demostraciones podían ser excitantes también para los espectadores, sobre todo las mujeres.

Esta idea, una forma de "sexo en la cabeza" (D. H. Lawrence), era lo que provocaba su primera aventura al disfrazarse con ropa interior femenina, llevándolos después a considerar la opción quirúrgica.

La mayoría de ellos veían en las mujeres el objeto de su interés, por lo que al hablar con los psiquiatras se identificaban a sí mismos como lesbianas.

El término que con el tiempo acuñaron en Toronto para describir esta forma de mala dirección sexual fue "autoginefilia".



Autoginefilia: hombres que se excitan vistiéndose como mujeres... y buscando gustar a mujeres; después de usar ropa de mujer, buscan un cuerpo de mujer

De nuevo concluí que alterar quirúrgicamente el cuerpo de estas personas desgraciadas era colaborar con un trastorno mental en lugar de tratarlo.

Esta información y una mejor comprensión de lo que habíamos estado haciendo nos hizo tomar la decisión de dejar de prescribir las operaciones de cambio de sexo para adultos en el Hopkins —para gran alivio, tengo que decirlo, de varios de nuestros cirujanos plásticos que habían recibido orden previamente de llevar adelante este tipo de intervención. 

 http://www.religionenlibertad.com/por-que-dejamos-de-hacer-operaciones-de-cambio-de-sexo--42897.htm

lunes, 11 de septiembre de 2017

No es machismo. Es educación

Ayer me quedé de pasta de boniato. Estaba a punto de entrar en una librería y coincidí en la puerta con una señora. Al menos, creí que lo era. Una mujer sobre los cuarenta años, normalmente vestida, quizá con un punto demasiado juvenil para su edad. Por lo demás, de aspecto agradable. Ni elegante ni ordinaria. Ni guapa ni fea. Coincidimos en la puerta, como digo, viniendo ella de un lado de la calle y yo del otro. Y en el umbral mismo, por reflejo automático, me detuve para cederle el paso. Desde hace casi sesenta años –su trabajo les costó a mis padres, en su momento– eso es algo que hago ante cualquiera: mujer, hombre, niño; incluso ante los que van por el centro de Madrid en calzoncillos y chanclas, torso desnudo y camiseta al hombro, impregnando el aire de aroma veraniego; tan desahogados, ellos y la madre que los parió, como si estuvieran en el paseo marítimo de una playa o vinieran de chapotear en la alberca del pueblo.
Me detuve en el umbral, como digo. Para cederle el paso a la señora, igual que se lo habría cedido al lucero del alba. Incluso a mi peor enemigo. Hasta a un inspector de Hacienda se lo habría cedido. Pero mi error fue considerar señora a la que sólo era presunta; porque al ver que me detenía ante ella, en vez de decir «gracias» o no decir nada y pasar adelante, me miró con una expresión extraña, entre arrogante y agresiva, como si acabara de dirigirle un insulto atroz, y me soltó en la cara: «Eso es machista».
Oigan. Tengo sesenta y cuatro tacos de almanaque a la espalda, y entre lo que lees, y lo que viajas, y lo que sea, he visto un poco de todo; pero esto de la señora, o la individua, en la puerta, no me había ocurrido nunca. En mi vida. Así que háganse cargo del estupor. Calculen el puntazo de que eso le pase a un fulano de mis años y generación, educado, entre otros, por un abuelo que nació en el siglo XIX, y del que aprendí, a temprana edad, cosas como que a las mujeres se las precede cuando bajan por una escalera y se les va detrás cuando la suben, por si les tropiezan los tacones, que cuando es posible se les abre la puerta de los automóviles, que uno se levanta del asiento cuando ellas llegan o se marchan, que se camina a su lado por el lado exterior de las aceras –«Que no digan que la llevas fuera», bromeaba mi padre con una sonrisa– y cosas así. Calculen todo eso, o imagínenlo si su educación familiar dejó de incluirlo en el paquete, y pónganse en mi lugar, parado ante la puerta de la librería, mirando la cara de aquella prójima.
Habría querido disponer de tiempo, por mi parte, y de paciencia, por la de ella, para decir lo que me hubiera gustado decirle. Algo así como se equivoca usted, señora o lo que sea. Cederle el paso en la puerta, o en cualquier sitio, no es un acto machista en absoluto, como tampoco lo es el hecho de no sentarme nunca en un transporte público, porque al final acabo avergonzándome cuando veo a una embarazada o a alguien de más edad que la mía, de pie y sin asiento que ocupar. Como no lo es ceder el lugar en la cola o el primer taxi disponible a quien viene agobiado y con prisa, o quitarte el sombrero –porque algunos, señora o lo que usted sea, usamos a veces panamá en verano y fieltro en invierno– cuando saludas a alguien, del mismo modo que te lo quitas –que para eso también lo llevas, para qu
itártelo– cuando entras en una casa o un lugar público. Así que entérate, cretina de concurso. Cederte el paso no tiene nada de especial porque es un reflejo instintivo, natural, que a la gente de buena crianza, y de ésa todavía hay mucha, le surge espontánea ante varones, hembras, ancianos, niños, e incluso políticos y admiradores de Almodóvar. Ni siquiera es por ti. Ni siquiera porque seas mujer, que también, sino porque la buena educación, desde decir buenos días a ceder el paso o quitarte la puta gorra de rapero, si la llevas, facilita la vida y crea lazos solidarios entre los desconocidos que la practican.
Y, bueno. Me habría gustado decir todo eso de golpe, allí mismo; pero no hubo tiempo. Tampoco sé si lo iba a entender. Así que permanecí inmóvil, mirándola con una sonrisa que, por supuesto, le resbaló por encima como si llevara un impermeable; porque al ver que me quedaba quieto y sin decir nada, cruzó el umbral con aire de estar gravemente ofendida. «Lo he hecho polvo», debía de pensar. Y yo la vi entrar mientras pensaba, a mi vez: No es por ti, boba. Sé de sobra que no lo mereces. Es por mí. Por la idea que algunos procuramos mantener de nosotros mismos. Algo que, mientras te veo entrar en esa librería que de tan poca utilidad parece serte, me hace sonreír con absoluto desprecio.
__________
 http://www.zendalibros.com/no-una-senora/#.WPzCbAqvo20.twitter
Publicado en XL Semanal el 17 de julio de 2016.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Un padre arrepentido del aborto de su hijo


Un padre arrepentido del aborto de su hijo: “Los niños no destruyen los sueños, los cumplen”

El encuentro con un niño de tres años cambió su corazón y le hizo darse cuenta que había más cosas en la vida que una mera carrera profesional. "Quiero que cada mujer que camina hacia Planned Parenthood sepa que los niños no destruyen los sueños, los cumplen", asegura.


Imagen de una ecografía
Lairs Johnston es conocido entre los pro-vida como el director de marketing de la asociación estadounidense Save the Storks (Salvar las cigüeñas). Sin embargo, este hombre tiene una historia detrás que fue la que le conmovió a defender el derecho a la vida: es padre de un bebé abortado.
A los 21 años, Johnston y su novia tenían que hacer frente a un embarazo no deseado. Hicieron lo que pensaban que era mejor para los dos y optaron por abortar al bebé que venía en camino, según ha informado el portal LiveActionNews.

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“No estaba preparado para tener un hijo”, relata Johnston. A la par que cuenta: “Como dice el dicho se sabe lo que se sabe y en ese instante lo único que sabía es que los niños pintan en las paredes y arruinan los sueños“.
La decisión de abortar era aparentemente algo positivo puesto que podrían prosperar profesionalmente. “Debido a que mi novia abortó pude hacer cosas que la sociedad considera ‘increíbles’. Tengo más de mil millones de visitas en YouTube, he comenzado una carrera artística que está generando millones de dólares al año, incluso he trabajado con artistas a los que idolatraba cuando era niño”, señala.
Johnston: “Me gustaría saber cuánto hubiese mejorado mi vida con un niño”
Pero tal cosa ha resultado ser un espejismo.
Ahora, a Johnston no le importa nada de eso, aunque admite que no habría podido experimentar muchas de las cosas que le ha ofrecido su trabajo si hubiera tenido un hijo. Sin embargo, echando la vista atrás afirma que ha llegado a darse cuenta de que no valió la pena. “Me gustaría saber cuánto hubiese mejorado mi vida con un niño”, sentencia.
Tras el aborto, Johnston confiesa que se quedó roto y perdido. El encuentro con un niño de tres años cambió su corazón y le hizo darse cuenta que había más cosas en la vida.
En la actualidad trabaja en la organización Salvar las Cigüeñas que se dedica a evitar abortos, para él ahora mismo abortar es algo “impensable”.
“Quiero que cada mujer que camina hacia Planned Parenthood sepa que los niños no destruyen los sueños, los cumplen”.
“Los niños cambian tu vida. Te recuerdan que hay que apreciar las cosas pequeñas y hacen la vida más bella”, concluye.
 http://www.actuall.com/vida/un-padre-arrepentido-del-aborto-de-su-hijo-los-ninos-no-destruyen-los-suenos-los-cumplen/

jueves, 7 de septiembre de 2017

La infelicidad de los homosexuales

La comunidad gay como factor de estrés y acoso 
Y lo peor es que a ese estrés y ese trauma contribuye decisivamente la misma comunidad gay, explica Hobbes en una de las partes más interesantes de su estudio.

Veamos dos testimonios muy expresivos.

Uno es el de Adam, actualmente en proceso de rehabilitación de sexoadicción: “Sales del armario como una mariposa de la crisálida y es la comunidad gay la que te arranca el idealismo a bofetadas”. Cuando Adam decidió empezar su vida homosexual, se fue a vivir a West Hollywood, ciudad gay del condado de Los Ángeles: “Pensaba que ahí estaba mi gente. Pero fue realmente horrible. Sales de casa de mamá para meterte en un club gay con un montón de gente drogándose.  Y te planteas: ¿esta es mi comunidad? Es como una jodida jungla”.

Otro es el de Paul: “Salí del armario cuando tenía 17, y no encontré mi lugar en el mundo gay. Yo quería enamorarme como había visto en las películas a las parejas heterosexuales. Pero solo me sentí como un pedazo de carne. Me sentía tan mal que iba a comprar a un supermercado a 40 minutos de mi casa, en vez de a uno que estaba solo a 10, para no pasar por la calle gay”.

“Para otras minorías”, razona Hobbes, “vivir en comunidad con gente como ellos está ligado a índices más bajos de ansiedad y depresión. Te ayuda estar junto a gente que instintivamente te comprende. Pero, en nuestro caso, el efecto es el contrario. Numerosos estudios han encontrado que vivir en un entorno gay es un factor predictor de mayores índices de prácticas sexuales de riesgo y drogas y de dedicar menos tiempo que otras comunidades a actividades como el voluntariado o la práctica deportiva. Un estudio de 2009 sugería que los gays más vinculados a la comunidad gay estaban menos satisfechos con sus relaciones románticas”.


Una escena de West Side Story (1961), de Robert Wise y Jerome Robbins e interpretación estelar de Natalie Wood. Una película donde la concentración vital de la minoría portorriqueña disminuye el estrés emocional, algo que, según Hobbes, no ocurre en el ámbito de la minoría gay.

¿Por qué la hostilidad entre gays? 
“Los gays no son precisamente amables unos con otros”, dice John, según su experiencia vital. Y lo corrobora, desde el punto de vista profesional, John Pachankis, investigador sobre el estrés en la Universidad de Yale: “Los gays hablan de la comunidad gay como un significativo factor de estrés en su vida”.

Michael Hobbes añade su propio testimonio como gay: “Todos los gays que conozco conservan un historial mental de todas las guarradas que otros gays les han dicho o hecho”.


Asociaciones homosexuales en todo el mundo han iniciado campañas de prevención contra la violencia doméstica en el ámbito de las parejas gay.

¿Por qué? Hobbes aporta dos razones, en las que coinciden los expertos y homosexuales que cita.

Primera, que un gay es, a fin de cuenta, un hombre, y “los desafíos de la masculinidad se magnifican en una comunidad de hombres”, dice Pachankis.

Según Dane Whicker, psicólogo clínico e investigador en la Universidad de Duke, la mayor parte de los gay dicen que quieren salir con alguien masculino, y que a ellos mismos les gustaría ser más masculinos.

Hobbes dice que esto también puede deberse a lo que él considera “homofobia internalizada”, es decir, “los gay femeninos están estereotipados como la pareja receptora en el sexo anal”.

Martin y Grant cuentan cómo, sintiéndose afeminados, modulaban su voz y forzaban los gestos para resultar más masculinos en el seno de la comunidad gay.

Según un estudio que cita Hobbes, los gays femeninos tienen mayor riesgo de suicidio, soledad y enfermedad mental, y los gays masculinos mayor riesgo de ansiedad, prácticas sexuales de riesgo y consumo de tabaco y drogas.

La segunda razón por la cual, dice Hobbes “la comunidad gay actúa como un factor de estrés específico para sus miembros” no tiene que ver con el “por qué” se rechazan unos a otros, sino con el “cómo”.

En el año 2000, solo el 20% de las parejas gay se conocían por internet; hoy son el 70%, básicamente mediante aplicaciones de contactos. En ese periodo de tiempo, las parejas que se han conocido a través de amigos han pasado del 30% al 12%. Según la aplicación Grindr, la más popular, sus usuarios pasan 90 minutos de media al día en ella. Paul admite pasar 10 horas en la aplicación por cada hora que pasa tomando algo con alguien o ligando.

“Para muchos de nosotros”, admite Hobbes, “se ha convertido en la vía principal con la que interactuamos con otras personas gay”, pero con el agravante de que estas aplicaciones “están casi perfectamente diseñadas para subrayar nuestras propias creencias negativas sobre nosotros mismos”. Hobbes cita varios testimonios de gays que cuentan los hirientes desprecios que han sufrido de parte de otros usuarios por no satisfacer las expectativas.

No solo favorecen los estereotipos de belleza física masculina, sino que hacen descansar en ellos la única razón de las relaciones. Alan Downs, psicólogo autor de libros sobre la integración social de los gays, y gay él mismo, lo expresa sin ambages: “Queremos tener un hombre tras otro, más músculos, más estatus, todo lo que nos supone valoración social. Entonces nos despertamos teniendo 40 años, exhaustos, y nos preguntamos: ¿esto era todo? Y entonces llega la depresión”.

Adam, el afeminado y sexoadicto anteriormente citado, superaba su “sentimiento de distancia” con los demás mediante “montones y montones de sexo”: “En la comunidad gay”, dice, “es nuestro recurso más accesible. Te convences a ti mismo de que si tienen sexo con alguien, estás teniendo un momento íntimo”.

Buscando amor, no solo sexo
Porque las personas con atracción por el mismo sexo desean, en el fondo, lo mismo que cualquier otra persona. Es el caso de James: “En la televisión veía todas esas familias tradicionales, y al mismo tiempo veía toneladas de porno, donde todo el mundo estaba musculado y soltero y tenía sexo a todas horas. Así que pensé que esas eran mis dos opciones: o ese cuento de hadas que nunca tendría, o la vida gay en la que no había romanticismo alguno”.

Ese descubrimiento lo hizo James en 2007. Hobbes confiesa que él experimentó algo parecido en 1992. Perry Halkitis, profesor en la Universidad de Nueva York e investigador del mundo gay y también él gay, y tío de James, en 1977. Las situaciones sociales de aceptación en esos tres momentos de un intervalo de treinta años eran muy distintas. La desazón, la misma.

¿Asumir esa desazón, sin más? 
El reportaje concluye con una frase lapidaria de Paul: “Los gays siempre nos dijimos a nosotros mismos que estaríamos bien en cuanto se superase la epidemia de sida. Luego, que estaríamos bien en cuanto pudiésemos casarnos. Ahora, que estaremos bien en cuanto acabe el bullying [acoso]. Seguimos esperando ese momento en el que sentiremos que no somos diferentes a los demás. Pero el hecho es que somos diferentes. Es solo cuestión de tiempo que lo aceptemos y convivamos con ello”.

Es la derrotista conclusión de un reportaje escrito por un gay, en un medio afín a la causa gay, citando abundantes testimonios de gays y estudios psicológicos y epidemiológicos realizados por gays o especializados en la comunidad gay. Hobbes tampoco aporta soluciones, más allá de genéricas referencias a avances en la comprensión del fenómeno. Y el hecho de que cierre su análisis con la frase de Paul sugiere que hace suya esa desazón. Lo que hace aún más inexplicable la hostilidad del lobby gay a quienes, como Richard Cohen o Joseph Nicolosi, han ofrecido, incluso a quienes no desean abandonar ese estilo de vida, una ventana de esperanza.

 http://www.religionenlibertad.com/periodista-gay-senala-vida-ambiente-homosexuales-como-56366.htm

martes, 5 de septiembre de 2017

La importancia del padre en la familia

Un padre atento y cariñoso tiene un enorme impacto en el desarrollo de la personalidad de un niño. El pequeño se siente seguro y en la vida adulta establece relaciones sentimentales con más facilidad.

Cuando el pequeño se siente rechazado, se activan en su cerebro las mismas áreas que cuando se hace daño, pero con la diferencia de que el dolor psíquico puede revivir durante años, dando lugar a la sensación de inseguridad, hostilidad y tendencia a la agresión.
No hay duda de que el amor de una madre es algo fundamental en la vida de cada niño. Después de todo, incluso en el siglo XXI en nuestra cultura se responsabiliza a la madre (casi exclusivamente) del cuidado de los hijos (cundo el niño arma el alboroto o pega a un amigo, o es un mal estudiante “es todo culpa de la madre” – ¿no es verdad que, por lo general, oímos este tipo de opiniones?).
¿Cuál es el papel del padre en esta historia? Los estudios recientes muestran que es muy importante en el proceso de formación de la personalidad de un niño. Estos mismos estudios muestran cómo se desarrollan las diversas características de la personalidad del niño hasta que llegue a la edad adulta.
Los investigadores de la Universidad de Connecticut, EE.UU., muestran que los niños de todo el mundo reaccionan de la misma manera ante el rechazo de sus tutores o personas con las que comparten un fuerte vínculo emocional.
Cuando el abandono viene del padre, deja una profunda herida.
Según los investigadores, que analizaron 36 estudios de más de 10.000 personas, de adultos y niños, el rechazo del padre tiene un efecto tan poderoso sobre todo porque es más común que el abandono por parte de la madre. También por la razón de que la figura del padre se asocia con el prestigio y la autoridad: para un niño, esto significa que se fue olvidado o rechazado por alguien al que todos consideran una persona muy importante.
Y aquí está el aspecto más triste de esta difícil situación: los estudios han demostrado que los niños experimentan el rechazo como si se tratara de un dolor físico real. Cuando el pequeño se siente rechazado, se activan en su cerebro las mismas áreas que cuando se hace daño, pero con la diferencia de que el dolor psíquico puede revivir durante años, dando lugar a la sensación de inseguridad, hostilidad y tendencia a la agresión.
Al final una buena noticia: la figura de un padre atento y afectuoso tiene el efecto exactamente contrario en el desarrollo de la personalidad de su hijo: el pequeño se siente seguro, crece feliz, y en la vida adulta establece relaciones sentimentales con más fácil.