viernes, 22 de junio de 2018

No tenemos hijos por pereza

La natalidad, por ejemplo. Pocos cambios más significativos ha sufrido España en los últimos años. Algunos pensarán que a mejor y otros a peor. Pero al menos se intuye que un terremoto social de esta magnitud debería ocuparnos y preocuparnos. Pues no. Apenas está presente en el debate público. A veces, cuando se habla de pensiones, se apunta el problema de la falta de reemplazo, como si la carencia de jóvenes sólo fuera preocupante porque no habrá quien pague las prestaciones de los jubilados.
Y sí, esta será una consecuencia importante, pero ni mucho menos la única. Una sociedad más envejecida plantea muchos retos desde el punto de vista del gasto público, pero no sólo por eso. ¿Podremos mantener la vitalidad, la creatividad, el crecimiento económico… en un país en el que dentro de muy pocos años, menos de los que pensamos, habrá más personas mayores de 60 años que menores de 35? ¿Cómo será la política de un país en el que buena parte de sus votantes serán rentistas? ¿Y las empresas? ¿Y el futuro? Sobre todos estos temas, Libre Mercado ha conversado con Macarrón. El autor asturiano no rehúye ninguna de las preguntas. Ni los temas más espinosos. Ni las cuestiones más polémicas.
Para prologar su libro, Macarrón ha reunido a tres figuras singulares: el exministro del PP Josep Piqué, el socialista Joaquín Leguina y el que es, probablemente, el economista alemán más conocido de los últimos años, Hans-Werner Sinn, expresidente del Instituto IFO. No debe ser nada sencillo que tres personajes de este nivel hayan accedido a colaborar con un título que, ahora mismo, sólo se puede comprar a través de Amazon. Una vez que uno abre el volumen y descubre la cantidad y calidad de los datos que usa Macarrón, lo entiende. Puede que el "suicidio demográfico" no acapare demasiados titulares, pero Leguina, Piqué o Sinn creen que merece mucha más atención de la que recibe.
Libre Mercado - Ha titulado usted su libro Suicidio demográfico... ¿tan grave es la situación?
Alejandro Macarrón - Sí, lo es. Y se agrava año a año, porque no reaccionamos ante el problema. Desde hace varias décadas, los españoles, y los occidentales en general, no tenemos los suficientes hijos para que haya relevo generacional, por lo que cada vez hay en España menos niños y jóvenes. Nuestra población en edad laboral ya está menguando. De seguir así, los españoles y otros pueblos occidentales nos extinguiríamos.
Como no tener hijos es, en lo esencial, una decisión voluntaria, este proceso equivale a una especie de suicidio de la sociedad a cámara lenta. Esa extinción no la veríamos nosotros, ni nuestros hijos. Pero sí veríamos una sociedad languideciente, que pierde población, cada vez más envejecida. Es una sociedad que se empobrecería de manera progresiva en lo económico y en el plano familiar-afectivo. Y cuya democracia se convertiría en una gerontocracia, pero no en el sentido clásico de gobierno de los ancianos sabios, sino de predominio electoral de los jubilados, lo que llevaría a los políticos que quieran ganar elecciones a imponer impuestos crecientes a una población activa menguante, para destinarlos a pensiones, sanidad y gasto en dependencia, o bien a déficits públicos asfixiantes. Además, es una sociedad, como ya le ocurre a Europa, que en el plano internacional tendería más y más a la irrelevancia, por su menguante peso demográfico en el contexto global.
Lo bueno de este problema es que es un proceso lento, por lo que aún podemos revertirlo, si logramos que aumente lo suficiente la natalidad en los próximos años/décadas. Lo malo es que, por ser un proceso lento, se nota poco en el día a día, y como a nuestras élites (políticas, mediáticas, intelectuales) les ha importado bien poco, hasta ahora ha pasado mayormente desapercibido.

LM - ¿Cuáles son los 4-5 datos más significativos? ¿Qué cifras destacaría usted para que fuésemos conscientes de lo preocupante de esta realidad?
AM - El dato más importante es, con diferencia, el déficit de nacimientos en relación a los precisos para el reemplazo de la población. Esto nos aboca a pérdidas crecientes de población autóctona española, que ya han empezado, y a un envejecimiento asimismo creciente. En Occidente, en general, desde hace décadas, tenemos apreciablemente menos de los 2,1 hijos por mujer necesarios para el relevo generacional. En el caso de los españoles, con el récord mundial de infecundidad entre 1989 y 2014 –y las tres regiones europeas menos fecundas de 2010 a 2014, Asturias, Canarias y Galicia; y las tres provincias o equivalentes con al menos 100.000 habitantes más envejecidas de Europa, Orense, Zamora y Lugo–, nuestro déficit promedio de nacimientos desde 1992 es del 40%. Esto significa que, por cada 100 adultos españoles jóvenes de hoy (por ejemplo, los de 18 a 35 años), en unos 30-32 años habrá unos 60; en 62-64 años habrá unos 36, y en un siglo, unos 21. Con algunas décadas de retraso, el conjunto del pueblo español menguará a ritmos similares.
En cuanto al envejecimiento social, si hace 50 años solo el 9% de los españoles tenía 65 años o más, ahora este porcentaje asciende al 21% (19% en total, por los inmigrantes extranjeros), y llegará al 40% poco antes de 2050.
Si nos vamos fuera de España, en Alemania, el país más envejecido de Europa, porque tuvo antes que otros una fecundidad muy baja, desde 1972 ha habido cinco millones de muertes más que de nacimientos. Peor es lo de Rusia, con trece millones de muertes más que nacimientos entre 1991 y 2011. En cuanto al peso demográfico de Europa en el mundo, en 1900 era del 25%. Ahora es del 10%... y bajando.
LM - Siempre que se habla de este tema acabamos con las pensiones. Y sí, es verdad que si no hay trabajadores no habrá quién pague las pensiones del futuro. Pero el problema va mucho más allá, ¿no es así?
AM - Sin duda. Para empezar, cuando se habla de gasto en pensiones por el envejecimiento de población, a éste habría que sumarle el gasto en sanidad y en dependencia, que se disparan con la edad, y que junto con las pensiones ya se llevan una parte enorme de la riqueza que producen los que trabajan e invierten.
Pero además de esto, la economía se verá lastrada por una demanda agregada decreciente de consumo e inversiones (por menos población, y la que haya, cada vez más envejecida), una fuerza laboral menguante en número y asimismo crecientemente envejecida, una desvalorización estructural de las casas y otros activos ligados a la demografía, etc.
Por otra parte, como muy bien dijo Jesucristo, "No solo de pan vive el hombre". Estamos abocados a un triste empobrecimiento afectivo por no tener apenas hijos, nietos, hermanos, primos, tíos, sobrinos, etc. Y a un riesgo creciente de que, de mayores, como seremos cada vez más caros de mantener por una población activa menguante, nos acaben eutanasiando contra nuestra voluntad, o bien recibamos cuidados insuficientes por falta de presupuesto público, así como por la escasez de parientes cercanos para atendernos privadamente.

LM - ¿Pueden los actuales estados del bienestar sobrevivir a un mundo sin jóvenes?
AM - Como dicen los catalanes, "malament". Si cada vez trabaja menos gente sobre el total de la población y hay que mantener un número creciente de jubilados y ancianos… o se reducen drásticamente esas prestaciones públicas de bienestar o se asfixia a empresarios y trabajadores con más impuestos, o los Estados incurren en déficits estructurales. O bien una mezcla de las tres cosas a la vez. Los Estados de Bienestar se crearon en sociedades repletas de adultos jóvenes y de mediana edad, con relativamente pocos mayores, y con un impulso demográfico estructural al crecimiento económico. Justo lo contrario del panorama y las perspectivas actuales.
LM - ¿Qué tipo de sociedad tendremos en 2070? ¿Y cómo influirá eso en nuestra economía?
AM - Si nada cambia en fecundidad en España, será una sociedad con un porcentaje mucho mayor de jubilados y ancianos, con muy pocos jóvenes, y con mucha menos gente en total, salvo aflujos masivos de inmigrantes extranjeros, con las ventajas y los inconvenientes / riesgos que esto último conllevaría. Sin inmigración, y con la fecundidad actual, las proyecciones de población que hemos elaborado arrojan números muy lúgubres para 2070: habría solo 32 millones de habitantes en España (29% menos que ahora), un 45% menos de población en edad laboral, un 58% menos de menores de 18 años y un 56% más de personas con 65 años o más, que serían más del 40% de la población.
Un escenario demográfico así de gris y decadente sería muy desfavorable para la economía. Ceteris paribus, nuestro PIB sería un 45% menos de lo que podría ser con la población laboral actual (y eso suponiendo que una fuerza laboral mucho más envejecida que la de ahora fuera igual de productiva que ésta), a repartir entre una población inferior en un 29%. Es decir, habría una apreciable pérdida de PIB per cápita, y encima deberíamos dedicar un 55% más de recursos que ahora a los pensionistas, y mucho más a sanidad y dependencia, al haber 2,5 veces más mayores de 80 años. También gastaríamos mucho menos en educación, cierto, pero eso no compensaría ni de lejos el efecto de los otros deterioros. Aclaremos una cosa: esto no es una predicción, sino una proyección basada en los indicadores y tendencias actuales. Y en lo económico, una parte imposible de calibrar del deterioro demográfico sería compensada por el progreso tecnológico. Aún podemos labrarnos un futuro mejor que éste si nuestra natalidad aumentase significativamente. Pero si se mantiene como la actual o incluso empeora, el porvenir demográfico de los españoles sería, inevitablemente, entre muy gris y negro.

LM - ¿Hay algún país que se salve? ¿Tenemos algún modelo en el que fijarnos? ¿Quién lo está haciendo bien?
AM - Del todo, ninguno se salva. Hay países que se han tomado esto más en serio, en parte porque en ellos la natalidad cayó antes que en España y se toparon antes con el problema, como Francia o los países nórdicos (y últimamente, también países como Rusia, Hungría, Polonia o Macedonia). De ellos podemos aprender cosas valiosas. Pero ninguno ha conseguido de forma sostenida recuperar una fecundidad suficiente, aunque algunos se han acercado, porque esto es sobre todo un problema de valores (querer tener hijos, y no únicamente más dinero / comodidades materiales / poder en puestos profesionales; y que formar y mantener una familia sea un deseo prioritario para los adultos jóvenes y no algo secundario, del tipo "ya veremos / ojalá / solo si todo cuadra perfectamente").
Las medidas tomadas en esos otros países han consistido principalmente en dar más dinero (o cosas equivalentes, como prolongadas bajas laborales retribuidas por nacimiento de hijos) o rebajar impuestos a los padres, algo que está muy bien, pero es insuficiente. Y además, prácticamente todos los países occidentales con una fecundidad hasta hace poco no muy alejada de la de reemplazo (aunque casi siempre por debajo), como Francia, los países escandinavos, Irlanda, el Reino Unido o EEUU, están inmersos desde hace 7 a 10 años en un nuevo ciclo de caída de la natalidad. Y todavía más en el caso de sus poblaciones autóctonas, sin contar a los numerosos inmigrantes foráneos, que en general tienen (muchos) más hijos.
LM - ¿Es un problema de España? ¿De Europa? ¿De Occidente?
AM - De los tres, pero en España es particularmente intenso y es donde nos afecta más directamente. Pero no es únicamente un problema occidental. En Extremo Oriente, y no solo allí, la fecundidad es ya bajísima. Y el envejecimiento social, debido sobre todo a la caída de la natalidad, es asimismo una tendencia universal.

LM - ¿Qué se puede hacer? ¿Qué haría usted si mañana fuese nombrado ministro de Familia? (por cierto, un cargo que creo que existe en otros países europeos, pero no en España)
AM – Necesitamos un plan nacional (y regionales y locales) muy amplio y con continuidad en el tiempo, porque la falta de niños es un fallo esencial del modelo de sociedad actual, que es preciso enmendar, ya que si no iremos mal, inexorablemente. Pero un modelo de sociedad, y los valores culturales que lo fundamentan, no se transforma en unos meses, con un par de medidas y tres parches. Por ello, es preciso un plan muy amplio, público y privado, que goce de un amplio consenso político y social, con líneas de actuación como las siguientes:
  1. Concienciación sobre el problema y el desastre al que aboca a nuestra sociedad, lo bonito que es tener niños y lo triste que suele ser no tenerlos: a la sociedad en general, a las élites políticas y no políticas, a quienes están en edad fértil, y a los escolares.
  2. Prestigiar la maternidad/paternidad y la familia, sin estigmatizar a las madres tradicionales, y sin ningunear la figura del padre.
  3. Estudiar bien el problema, sus consecuencias, sus causas y sus posibles soluciones, con profundidad, rigor y sin sesgos ideológicos/partidistas.
  4. Compensar económicamente a los padres por tener hijos (deducciones en IRPF y SS, extra en pensiones, IVA pañales, etc.), con énfasis en la madre, pero no solo en ella.
  5. Descargar a las empresas de todos los costes por maternidad / paternidad.
  6. Fomentar, facilitar y prestigiar la nupcialidad y la estabilidad familiar.
  7. Fomentar y facilitar que tengamos antes en la vida el primer hijo y siguientes.
  8. No pagar la contracepción con dinero público, algo absurdo en un país que necesita más niños, y facilitar al máximo que se puedan dar en adopción los bebés no deseados.
  9. Identificar y remover las trabas y desincentivos directos o indirectos a la paternidad, que hay por doquier, con cambios en las leyes correspondientes.
  10. Facilitar en lo que se pueda la vida a los padres (por ejemplo, en horarios…).
  11. Y muy importante: involucrar a la sociedad civil. Esto no es solo problema de "políticas" y de "políticos".
En cuanto a lo del Ministerio de Familia, una vez me preguntaron en una conferencia si yo lo crearía. Y respondí en semibroma: para ayudar a las familias, no sé si lo crearía, o si en cambio cerraría la mitad de los ministerios que hay. Con eso quería decir que un Estado elefantiásico y poco austero, como en general son los de nuestro tiempo, que necesita recaudar muchísimo dinero en impuestos, es en sí algo dañino para la familia, porque nos obliga a trabajar más tiempo fuera del hogar para poder disponer del mismo dinero para gastos familiares que si la carga impositiva fuera bastante más moderada. En 1975, la presión fiscal en España era menos de la mitad que la actual, y no digamos en 1955 o 1935, y teníamos muchos más hijos por persona que ahora. También en otros países europeos y EEUU la presión fiscal era mucho menor en 1950 o 1960, y en todos ellos, las familias eran más numerosas y estables que ahora. Y no había ministerios de familia en ningún país, que yo sepa. Da que pensar. Pero vamos, si alguna vez a algún presidente de Gobierno se le ocurre crear ese ministerio, desea ponerme al frente, y le digo que sí (y van tres condicionales), le saldría barato. Pediría un presupuesto anual de solo 100 a 200 millones de euros, con 50 a 100 personas en plantilla, e impulsaría un plan como el apuntado poco antes. Y si no se pudieran poner en marcha el grueso de esas medidas en un plazo razonable, de unos dos años, probablemente dimitiría, para dejar paso a otro más capaz.
LM - ¿Por qué no tenemos niños? ¿Son razones económicas, culturales, sociales?
AM - Hay muchas causas a la vez, pero las que desequilibran a la baja la natalidad son principalmente culturales, de valores sociales. En mi libro Suicidio demográfico en Occidente y medio mundo analizo unas dos docenas de posibles razones, casi todas con cierta incidencia en el tema, aunque algunas resultan ser falaces. Algunas de esas causas son muy buenas e irreversibles, como la reducción casi a cero de la mortalidad infantil y juvenil, que nos permite tener aproximadamente un 60% menos niños por persona que hace menos de un siglo y medio, y pese a ello gozar como país de la misma (buena) salud demográfica que entonces, y como padres acabar teniendo el mismo número de hijos adultos que antaño. Lo malo es que tenemos alrededor de un 80% menos, no solo un 60%.
Hay otras causas, como el tremendo retaso experimentado en la edad a la que tenemos el primer hijo, el desplome de la nupcialidad y la estabilidad familiar, o el desprestigio de la mujer que opta por no trabajar fuera del hogar. Respecto a eso último, no hemos logrado resolver suficientemente bien hasta ahora el problema de cómo compatibilizar el trabajo femenino fuera del hogar con una natalidad sana y esto es algo crítico.
Pero si analizamos bien los datos disponibles, nuestra conclusión es que la razón más poderosa es, sobre todo, cosa de valores: nos da pereza tener más niños por el esfuerzo que supone su crianza en dinero y tiempo, la pérdida de libertad que entraña, y la responsabilidad y riesgos que conlleva. A nuestros abuelos y sus antecesores no les dio esa pereza, y eso que, de media, eran mucho más pobres que nosotros, y que las mujeres de antaño arriesgaban literalmente su vida en cada parto. Debemos gratitud a nuestros antepasados, y sobre todo a nuestras abuelas y sus predecesoras, por su valentía y generosidad, sin la cual ninguno estaríamos aquí.

LM - Además, de esos pocos niños que tenemos, un porcentaje cada vez más elevado nace fuera del matrimonio, ¿por qué? ¿Cuáles son las consecuencias?
AM - Son ya casi la mitad de los que nacen en España. Y es que algo más de la mitad de los españoles ya no se casan, por el cambio de valores sociales y por la devaluación legal sufrida por la institución matrimonial. Algo similar ocurre en otros países europeos y no europeos. Los matrimonios tienen más hijos que las parejas de hecho y los hogares monoparentales (esto ocurre en España y en cualquier país), por lo que en términos de natalidad, y sin entrar en otras consideraciones, este fenómeno no es una buena noticia.
LM - ¿Estamos abocados a una lucha en las urnas entre mayores/perceptores y jóvenes/contribuyentes? ¿Quién ganará?
AM - Sí, tiene toda la pinta. De hecho, ya está pasando, aunque no muchos lo sepan aún. En la terrible crisis económica que estamos empezando a dejar atrás, el segmento social privilegiado por los gobiernos han sido los pensionistas, que ya son alrededor del 30% de los votantes efectivos. No es culpa de ellos, y la gran mayoría ni siquiera deben de ser conscientes de ello. Pero los políticos que buscan los votos sí saben que hay que mimarlos a costa del contribuyente, principalmente de los empresarios y los currantes. Por eso los jubilados han sido la única gran parte de la sociedad española para la que no ha habido realmente crisis económica.
Los mayores llevan todas las de ganar en esta pugna en primera instancia. Son muchos, cada vez serán más y votan más que los jóvenes. Pero si los políticos que buscan su voto se pasan de frenada, y aplastan –económicamente– a los trabajadores y empresarios, la victoria puede ser pírrica, porque en un mundo tan abierto como el actual, eso puede llevar a cierres/fugas masivas de empresas, y a la emigración de muchos de nuestros más cualificados compatriotas. Por ello, necesitamos una especie de gran acuerdo nacional (es lo que se trata de hacer, en el fondo, con el Pacto de Toledo) para que, salvaguardando un buen trato económico a los jubilados, sus pensiones y otras prestaciones sociales no aplasten a la economía y a las familias, para que no asfixien a la gallina de los huevos de oro.
http://m.libertaddigital.com/economia/2018/02/17/la-razon-mas-poderosa-por-la-que-no-tenemos-hijos-esta-en-los-valores-nos-da-pereza-el-esfuerzo-que-supone-1276614015/

miércoles, 20 de junio de 2018

Promover la homosexualidad en la iglesia


Mediante vídeos

El Encuentro Mundial de las Familias en Dublín vuelve a promocionar la homosexualidad

Un video presentado por los obispos irlandeses para preparar a las familias para el próximo Encuentro Mundial de Familias en Irlanda contiene una entrevista con una activista LGBT que dice estar «molesta» con la enseñanza católica sobre la homosexualidad.
(LSN/INfoCatólica) El video también contiene una entrevista con una mujer que dice que el hecho de que ella es «gay» nunca «ha sido un gran problema en mi familia».
El video llega pocos meses después de que los obispos católicos publicaron un folleto basado en la exhortación del Papa Francisco Amoris Laetitia para ayudar a preparar a las familias para el Encuentro Mundial de las Familias el próximo agosto que contenía imágenes de parejas del mismo sexo y textos pro-homosexuales.
Recientemente se volvió a publicar el folleto sin el material pro-homosexual.
Los líderes pro-familia en Irlanda que han estado viendo el programa 'Amoris' de los obispos irlandeses no se sorprenden al ver que los videos del programa contienen un «guiño y guiño» a la agenda LGBT.
Antes de su lanzamiento, se anunció que el material contendría entrevistas cortas que incluirían a «alguien que es gay o lesbiana». El video proviene de la sesión cinco del programa 'Amoris' y se titula «La misericordia de Dios: nadie está excluido».
En una parte del video, una anciana llamada Gemma admite que promueve la normalización de la homosexualidad dentro de la Iglesia.
 http://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=31713

lunes, 18 de junio de 2018

Aborto postnatal en Canadá



 163 En qué consiste el aborto "post natal" que proponen en Canadá


163
Un nuevo y polémico debate se encendió en Canadá, luego de que un académico propusiera abiertamente la legalización de los abortos "post-natales" para aquellos bebés que nazcan en circunstancias desfavorables para desarrollarse normalmente.
"Los padres deberían ser capaces de decidir libremente sobre lo que equivaldría al aborto post natal", propuso recientemente Udo Schuklenk, docente de Filosofía en la Queen's University de Ontario, Canadá.
En un artículo publicado en el Journal of Thoracic and Cardiovascular Surgery (Revista de Cirugía Torácica y Cardiovascular), Schuklenk señaló que causarles la muerte a recién nacidos con discapacidad sería moralmente aceptable, aunque aún sea ilegal en Canadá.
Según el experto en biomedicina, los médicos estarían moralmente justificados de realizar esta práctica, proponiendo de esta forma un debate que se vuelve perturbardor para gran parte de la población canadiense, en el marco de una discusión mayor que tiene lugar por estos días en el país del norte: la eutanasia activa.

 163
163
En Canadá actualmente es legal la suspensión de tratamiento o alimentación a un paciente, lo que se considera eutanasia pasiva. La denominada eutanasia activa, en la que se procura directamente la muerte del paciente, es considerada asesinato. El aborto es legal en Canadá desde 1988 y es financiado a través del seguro de salud estatal.
Según Schuklenk, la eutanasia sería preferible a una "sedación terminal" del paciente recién nacido, lo que, según el especialista, ahorraría a los médicos y a los propios padres de la criatura el dolor de ver perder la vida del bebé, consignó el National Post. Para el "biomédico", los niños no sufren en esa estadía, pero es "una cosa terrible para los testigos", según declaró en una entrevista.
Para Alex Schadenberg, jefe de la Coalición para la Prevención de la Eutanasia en Canadá, lo que está promoviendo Schuklenk es "declarar que ciertos tipos de seres humanos tienen una vida que la sociedad ha determinado que no vale vivir". Schadenberg añadió que esto podría ser considerado "como una filosofía eugenésica".
Los debates en torno a los suicidios asistidos y la eutanasia son frencuentes en Canadá. Una encuesta reciente hecha por el National Post muestra que dos tercios de la población está a favor de una asistencia física al suicidio para enfermedades terminales.
 https://www.infobae.com/2014/12/15/1615329-en-que-consiste-el-aborto-post-natal-que-proponen-canada/

viernes, 15 de junio de 2018

Diferencias entre niños y niñas


Publicado por Infant and Child Development

Nuevo estudio demuestra que la preferencia de niños y niñas por determinados juguetes es biológica

Otro nuevo estudio científico ha puesto en entredicho la «ideología de género» al demostrar que las preferencias de ambos grupos no son resultado del entorno o la educación, sino que son intrínsecas a cada sexo.

(Actuall/InfoCatólica) Un nuevo estudio publicado por Infant and Child Development confirma que las diferencias entre niños y niñas son biológicas y no fluidas, como dicen las teorías transgénero. Las preferencias de ambos grupos no son resultado del entorno o la educación, sino que son intrínsecas a cada sexo.
Durante la campaña de Navidad, y de cara a la fiesta de los Reyes Magos, algunos grupos de personas con una marcada tendencia ideológica, e incluso equipos de gobierno, como en el caso del Ayuntamiento de Madrid, iniciaron un bombardeo por las redes sociales contra los juguetes sexistas.
La teoría que se encuentra de fondo de este tipo de campañas es la ideología de género, y la afirmación de que todos los niños, niños y niñas, son iguales y que la tendencia a jugar con determinados juguetes viene impuesto por la educación que reciben y su entorno, obviando las cuestiones biológicas. Es decir, que el sexo es una construcción social.
Aunque como suele suceder en las ideologías, luego llega la ciencia y desmonta el chiringuito. Recientemente se acaba de publicar un estudio por parte del Infant and Child Development que vuelve a confirmar que las diferencias entre los niños y las niñas no son fluidas, como arguyen las teorías transgénero, sino que son biológicas.
El estudio concluye que no es la educación que reciben los niños ni el entorno lo que muestra las preferencias de los niños y las niñas a la hora de escoger con qué juguetes jugar, sino que la elección depende de aspectos más intrínsecos al propio niño.
Para este informe se realizaron 16 estudios que contaron con la presencia de 787 niños y 813 niñas. Tras el estudios los investigadores concluyeron que «los niños jugaron con juguetes para niños, más que las niñas; y que las niñas jugaron más con juguetes para niñas, más que los niños».
Según el informe, «no hubo diferencia pese a la presencia de un adulto, los contextos del estudio, la localización geográfica del estudio, la fecha de la publicación, la edad de los niños o la inclusión de juguetes de género neutro», lo que deja bastante claro que el contexto no es un elemento distintivo.
«La consistencia al encontrar diferencias entre los sexos en la elección de los niños de juguetes adecuados a su género muestra la fuerza de este fenómeno y la probabilidad de que tenga un origen biológico», ha concluido el estudio.
El estudio no niega que la influencia social también afecte, de manera que si los adultos obligan a jugar a los niños con juguetes más adecuados al otro sexo, están así forzando una inclinación natural de los niños y niñas a jugar con los juguetes que les son más propios.
En esa misma línea se ha manifestado el conocido pediatra suizo Remo H. Largo en una entrevista concedida a El Confidencial. El pediatra ha afirmado que según su experiencia y sus estudios, las diferencias entre niños y niñas son bastante claras. Incluso al jugar con un mismo objeto -él hizo un experimento con un hornillo y los niños intentan comprobar cómo funcionaba mientras las niñas jugaban a cocinar con él-, se perciben diferencias.
«Los grupos de niños observan más las fortalezas de sus congéneres, quién corre más rápido, quién puede subir a un árbol, quién puede hacer el coche más grande con piezas de lego, y los grupos de niñas muestran sin embargo una jerarquía plana que se rige por criterios sociales», ha afirmado Remo. H. Largo.
«Educar en la igualdad, darle muñecas a los niños y coches a las niñas, no funciona», ha concluido el pediatra suizo.
http://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=31643

miércoles, 13 de junio de 2018

Niños criados por homosexuales sufren abusos



BD.- El lobby homoparental se apoya sobre estudios que, en su casi totalidad, no son más que seudo científicos. La intoxicación está suficientemente bien hecha para que todo el mundo se convenza de que estos estudios prueban que los niños criados por padres homosexuales se portan bien. Sin embargo, sólo basta tomarse el trabajo de verificar la naturaleza de los trabajos citados para entender sus debilidades metodológicas y sus manipulaciones en cuanto a la elección de los grupos estudiados.
Maurice Berger es profesor de sicopatología del niño, jefe de servicio de siquiatría en el Centro Hospitalario Universitario de Saint-Étienne y miembro de varias comisiones interministeriales para la protección de la niñez en Francia. Para el profesor Berger, “el lobby homoparental utiliza un método sencillo: el engaño”. Es imposible imaginar menos objetividad en las publicaciones existentes sobre este tema. “No difference”: esa es la eterna conclusión del conjunto de los trabajos comparativos del desarrollo síquico de los niños criados por parejas homosexuales y heterosexuales. Sin embargo, la casi totalidad de esos trabajos no utilizan métodos científicos rigurosos. Son estudios claramente militantes basados en la palabra de los “padres” (la mayoría de las veces se trata de voluntarios, no elegidos al azar, reclutados por los lobbies homosexuales), ausencia de grupos de comparación, comparaciones con niños provenientes de parejas heterosexuales pero criados en familias recompuestas u homoparentales, efectivos estudiados insuficientes… En definitiva: trabajos que coleccionan defectos metodológícos tan groseros que deberían ser desechados por cualquier comité de lectura digno de ese nombre.
Pero no sólo es el carácter erróneo de los trabajos esgrimidos por los lobbies lo que hay que poner en el expediente contra la homoparentalidad. Un estudio publicado el verano pasado cuestiona radicalmente la línea oficial que prevalece actualmente, que acredita que la tesis según la cual no haría ninguna diferencia en términos de salud mental entre los niños criados por parejas homosexuales y aquellos que lo son por parejas heterosexuales.
Las investigaciones del profesor Mark Regnerus de la Universidad de Texas destruyen el discurso vigente apoyándose sobre el examen de 3.000 niños crecidos en el seno de 8 estructuras familiares diferentes a partir de 40 criterios sociales y emocionales. Los resultados más positivos conciernen a los adultos provenientes de familias “tradicionales”, los cuales manifiestan sentirse más felices, gozan de mejor salud mental y física y consumen menos drogas que los demás.
A la inversa, los niños criados por lesbianas son los que peor estado presentan, con un aumento estadístico inquietante de depresiones en ese grupo. Los adultos provenientes de ese grupo dicen haber sido a menudo víctimas de abusos sexuales (23% contra 2% entre los niños de parejas heterosexuales casadas) y sufren de precariedad económica (69% dependen de prestaciones sociales contra 17% de los criados por su padre y su madre).
¿Por qué un tal divergencia de resultados en esos estudios de psicología comportamental? La explicación la ofrece la calidad del trabajo de Regnerus, que arroja indirectamente una luz cruda sobre los errores metodológicos de los precedentes estudios. El profesor tejano ha tenido mucho cuidado en efectuar su encuesta sobre un gran número de adultos, al contrario de los antiguos trabajos que se limitan a muestras ridículas por su tamaño. Además, Regnerus apoya sus conclusiones sobre las respuestas de los propios interrogados y no sobre los datos aportados por sus “padres”.
Después del análisis del conjunto de las respuestas, la conclusión del profesor Mark Regnerus es indiscutible: el modelo familial que reposa sobre “la unión conyugal estable del padre y la madre biológica (cada vez más parecida a una especie en peligro) sigue siendo el entorno más seguro para el desarrollo del niño”. Todas las demás combinaciones, según el universitario norteamericano, causa un prejuicio a largo término en el equilibrio del niño, sean cuales sean las cualidades humanas y educativas de los homosexuales, que nadie pone en tela de juicio aquí.
Meterse en otra vía que no sea el “modelo familial tradicional” (pareja conyugal heterosexual estable) equivale a negar frontalmente el principio reconocido por la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, según el cual el interés superior de éste (la parte más débil y sin defensa) debe pasar siempre por delante de cualquier otra consideración.
Esta publicación, que confirma lo bien fundado de la estructura ética y antropológica de la alianza conyugal entre un hombre y una mujer para asegurar el pleno desarrollo del niño, no puede ser silenciado por más tiempo, ante la legalización del matrimonio homosexual en algunos países y su próxima implantación en otros, lo que abre la posibilidad de la adopción por las las parejas homosexuales.
El deber de los gobiernos consiste en verificar la fiabilidad de los trabajos en los que se apoyan los lobbíes homosexuales y darle el lugar que le corresponde al saber y a la ciencia y no a los estudios tendenciosos y amañados de los grupos que militan por los objetivos de grupos exclusivamente motivados por lo que ellos consideran sus derechos. Es necesario un debate a fondo, pues en este tema ¿quién se preocupa del interés de los niños?
 http://www.alertadigital.com/2013/05/17/el-23-de-los-ninos-criados-por-padres-homosexuales-sufren-abusos-sexuales/