miércoles, 31 de mayo de 2017

El aborto mata el amor incondicional

El amor incondicional es una poderosa barrera que se sitúa entre cada uno de nosotros y el mal que invade nuestras mentes y relaciones. Nos hace impermeables a las tentaciones de hacer daño a quienes amamos, ya sean familiares, vecinos o extraños. Cuando desaparece el amor incondicional, se extiende el egocentrismo y el pecado corre a llenar ese vacío, y con frecuencia es un pecado de la peor especie.

Su presencia impulsa a gente corriente, como la Madre Teresa o el padre Jerzy Popieluszko, a ser auténticos santos, cuyas vidas demuestran un amor extraordinario y altruista. Su ausencia puede hacer un monstruo de cada uno de nosotros.

La perversa dimensión de la América pro-abortista
Como clara prueba, consideremos el aborto. El impacto del aborto sobre el amor incondicional va más allá del acto asesino en sí mismo. Su frívola aceptación por adultos que son padres produce consecuencias asombrosas e involuntarias en innumerables familias, arrebatando a sus hijos el sentido de su seguridad personal y de su propio valor.

Aunque resulte extraño, sospecho que existe una correlación entre esta forma de ser padres y la generación políticamente correcta, tan vulnerable, que puebla hoy las universidades. ¿Por qué estos chicos ansían espacios seguros (ambientes similares al regazo de mamá, totalmente imposibles), libres de discusión, de toda forma de desacuerdo ideológico y de cualquier cosa que pueda suponerles pensamientos tristes o sentimientos molestos?


En los últimos años proliferan en las universidades norteamericanas los "espacios seguros": lugares concretos del campus donde está prohibido manifestar cualquier opinión discrepante de la corrección política o que alguien pueda considerar "ofensiva" por cualquier razón. Este hecho ha sido considerado una muestra de la endeblez anímica de la generación llamada de los millenials, cuya edad camina aproximadamente con el siglo, y que les haría incapaces de contrastar ideas de fondo sin sentirse agredidos. Abajo, tres chistes críticos con la existencia de los safe spaces [espacios seguros].


Bienvenido al campus. Precaución: aprender puede producir traumas.


Los críticos de los espacios seguros denuncian la mezcla de infantilismo y consagración de las ideas políticamente correctas que supone su existencia.


[El cartel muestra la quiebra de la libertad de expresión en los "espacios seguros".]

Quizá es porque nunca han sentido una auténtica seguridad en casa, sobre todo desde ese día en el que mamá les explicó que apoyaba de todo corazón el derecho al aborto. ¿Qué puede ser más dañino, más perjudicial para una psique joven, que saber que mamá estuvo abierta a la posibilidad de acabar con tu existencia, arrancándote de su vientre, miembro a miembro, para luego irse sin remordimiento, como si tú nunca hubieras existido?

Y muy bien puede haber otro componente para esto. Como los padres clasifican a sus hijos en “queridos”, “no queridos” y descartados, acaban teniendo menos hijos que educar, y con ello no solo dedican mayor atención hacia los no abortados, sino que también se les asignan mayores e irreales expectativas.

Los chicos lo saben, ¿cómo no saberlo? Fueron elegidos para vivir, así que tienen mayores expectativas que colmar: de otro modo podrían, en el peor de los casos, ser descartados por papá y mamá en algún momento del camino o, en el mejor de los casos, ser considerados más merecedores de disgusto que de amor.

Quienes han sido elegidos para vivir tienden también a estar sobre-protegidos, lo cual también contribuye a que esos niños se conviertan en vulnerables.

El caso es que la inserción de la aceptación del aborto en cualquier familia crea una dinámica demasiado extraña, en la medida en la que elimina el amor incondicional (ese que está en el corazón de cualquier familia que funcione bien) y los niños son quienes sufren las consecuencias. Para un padre, admitir ante su hijo que apoya el aborto es una forma de abuso infantil: apaga en el niño cualquier idea de amor incondicional del padre por el hijo.

Personalmente, yo no sabría cómo empezar a decirle a mi hijo: “Abortamos a tu hermano mayor ya tu hermana menor, pero a ti te conservamos”. ¿Cómo no va eso a erosionar el fuerte sentimiento fundante de un amor paterno sin condiciones?

Nuestra familia se construyó mediante la adopción. Yo era indiferente hacia el aborto hasta que trajimos a casa a nuestro hijo mayor. Simplemente, el aborto era algo en lo que no había pensado mucho. Aquella noche de hace veinte años, mientras acunaba a nuestro hijo por primera vez para dormirle, me sentí muy agradecido a su madre biológica por decidir no abortarle. Al momento siguiente, me estremeció de horror comprender que millones de niños y niñas como él habían sido asesinados en el vientre de sus madres, negándoles la oportunidad ni siquiera de respirar una vez. Me dio un vuelco el estómago.

El aborto supone un rechazo total del amor incondicional. Dios crea la vida y nos invita a participar con él en esa tarea. Pero, para muchos, los niños ya no son vistos como un regalo de Dios. En su lugar, cada niño concebido ahora cae claramente en una de estas dos categorías: a) conveniente; b) inconveniente.

El mensaje a todos los niños, empezando de forma especial por los millennials, es: “Eres prescindible. Tienes suerte de estar aquí”. Nuestra cultura del descarte nos ha devaluado a todos más de lo que creemos.

 http://www.religionenlibertad.com/doug-mainwaring-homosexual-matrimonio-gay-una-las-causas-55126.htm

martes, 30 de mayo de 2017

Dió a su hijo en adopción

Tengo 78 años y tuve un hijo tras una violación al cual entregué en adopción. Nunca me he arrepentido de haberle dado la vida.


Por Patricia Lawrence

Tengo 78 años  y deseo contar mi historia ahora que todavía tengo la oportunidad. Quiero que la gente sepa que el embarazo por violación no es culpa del niño, así que, ¿Por qué deberíamos castigar al niño por algo que el padre biológico hizo?
Mis años de adolescencia fueron difíciles. Mi madre era demasiado permisiva conmigo  y mi padre no estaba allí para resolver los problemas que tenía  en este momento de mi vida. Papá incluso se negaba a pagar nuestra manutención establecida por el juez. Yo interpreté todo esto como que no me querían. Así que me enrolé en el  Ejército de Mujeres de Estados Unidos.
Tras ocho semanas de formación básica, quedé para una cita a ciegas. Él estaba también en el ejército, estacionado en la misma base que yo. Todo lo que recuerdo es que condujo hasta llegar  a algún sitio y me dio una bebida. Me desmayé y no tengo ningún recuerdo del resto de la noche. Ni siquiera sé cómo volví a los cuarteles y a mi cama.
Dos semanas más tarde, mientras formaba  para mi inspección, me desmayé. Me llevaron a la enfermería donde el médico me examinó y dijo: "A juzgar por sus síntomas diría que está embarazada". Le respondí: "¡No puedo estar embarazada porque no he hecho nada para quedar embarazada!". Luego dijo: "Sin embargo, tenemos que hacer una prueba para ver si está embarazada".
Yo quedé totalmente destrozada al saber que estaba embarazada ya que no había estado alternando y supe, de inmediato, que tenía que haber sido esa noche. El día de mi cita me debió de haber drogado y me violó. Por supuesto, le dije al médico lo que había sucedido y el Ejército puso en marcha una investigación y contactó con el violador pero a mí me excluyeron de toda información  y nunca, nunca fui informada de nada.
Mi comandante me dio 48 horas para llamar a casa y decirle a mi madre lo que había pasado y que estaba embarazada. Cuando llamé a casa y le dije a mi madre que me echaban del Ejército porque estaba embarazada, ella preguntó de inmediato: "¿Quién, qué, dónde, por qué, cuándo y cómo?" .Le hablé de la violación, y ella dijo que tenía que volver a casa. Tras un par de semanas para realizar todos los trámites me fui del Ejército, y volví a casa.
Mi madre y dos hermanas me recibieron en la estación de autobuses y nos metimos en el coche de mi madre. Sus primeras palabras fueron: "Patricia, vas a abortar". Era mayo de 1957, tenía 18 años y  no sabía qué significaba esa palabra. Ella me dijo que significaba "que tomarían el bebé" de mí. Por la forma en que lo dijo, supe que quería decir que algo iba a ocurrir muy rápidamente, y que ella no estaba diciendo que iban a dar el bebé  en adopción después del nacimiento. Me di cuenta de que esto significaba que iban a matar a mi bebé.
Seguí  yo: "No voy a abortar porque es un asesinato y no voy a presentarme delante de Dios como alguien que cometió un asesinato". Mi madre respondió: "Patricia, estás siendo estúpida". Mis dos hermanas también  acordaron que yo debía   abortar. Me sentía como si todo el mundo se hubiese  aliado contra mí , pero yo sabía que tenía que defender lo que era correcto.
La relación entre mi madre y yo se enfrió cada vez más en las próximas semanas. Una tarde, yo estaba durmiendo en la cama y al despertar vi a mi madre que sostenía un rifle a una pulgada de mi cara, entre mis ojos. Yo estaba totalmente aterrada. Al instante, le empujé la pistola a un lado, desesperadamente, diciéndole: "¿Qué estás haciendo?". Ella dijo: "Estoy tratando de asustarte para que abortes al niño".
En ese momento, decidí que iba a dejar la casa de mi madre. Ella se burló de mí, preguntando: "¿Dónde vas a ir?". Le dije: "Juanita, mi hermana mayor me va a ayudar". Pero mamá dijo: "Ella no quiere, siente vergüenza".
Sin embargo, en cuestión de días fui a vivir con mi hermana mayor, Juanita. Poco después de llegar a su casa, mi otra hermana, María, vino y me dijo: "Patricia, extiende tu mano". Cuando le tendí la mano, dejó caer en ella  cerca de 20 pastillas y dijo: "Mamá dice que tienes que tomar esto, todas a la vez". Yo sabía lo suficiente para saber que la ingesta de 20 pastillas  de cualquier tipo  era peligroso para la  salud y que mi madre tenía la intención de matarme. Entré en el cuarto de baño y  tiré  en él inodoro  las pastillas y le dije a a mi hermana: "Puedo callarme, pero no soy estúpida."
Después del nacimiento de mi hijo, mi madre me confesó que las píldoras eran un  medicamento que se da  a los pacientes del corazón, y de haberlas  tomado como mi hermana me indicó, habría tenido un infarto. Ella nunca se disculpó, pero creo que, a su manera,  estaba tratando de decirme que lo sentía.
Por último, se hicieron gestiones para que ingresara en la Casa del Ejército de Salvación para Madres Solteras en St. Louis, Missouri, en  noviembre de 1957, donde pasé el resto de mi embarazo. Allí experimenté por primera vez en mi vida el amor incondicional, el amor de las trabajadoras de allí que nos amaban a todas nosotras y nunca nos echaban nada en cara. Jamás nos reprocharon nada a ninguna de las nueve niñas que estábamos allí a su cargo.
Mi hijo nació el 11 de enero de 1958, de  madrugada. Era un bebé grande, hermoso. Mientras era entregado en adopción, ya que ésa era la política del Ejército de Salvación en el hospital dentro del hogar para madres biológicas, mis ojos estaban cubiertos con una toalla. También ataron mis brazos hacia abajo así que no podía quitarme la toalla. No dejaron que lo viera hasta dos días después,  en  presencia de un trabajador social. 
Me dijeron que yo lo podía  coger en brazos  pero decidí no hacerlo porque no quería que se uniera conmigo ya que tenía que vincularse a su madre adoptiva y no a mí. Por su bien y por el mío sabía que era mejor que lo entregara en adopción. Incluso hoy, mi corazón se rompe cuando pienso en ese momento, mirando a través de la ventana del cuarto, diciéndole: "Lo siento mucho mi niño precioso que tengo que renunciar a ti, por tu bien y el mío, tengo que hacer esto, así que por favor, perdóname". Me encantó ese niño. Había luchado por él. Yo sabía que había hecho lo correcto para él.
Yo no era  creyente - yo no era cristiana en ese momento, pero  sabía que había un Dios justo, y que yo estaba haciendo lo que era correcto delante de Él y que lo honraba  de alguna manera.
Renunciar a este hijo  fue y sigue siendo una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer en mi vida, pero yo sabía que su vida valía la pena y no me arrepentía de todo lo que había pasado.
Cuando vi a mi hijo, no vi al violador. Vi a mi hijo, mi propia carne y sangre.
Dos semanas más tarde, volví  a casa y nunca se me permitió hablar de lo que había pasado. Me dijeron que, por ser madre, "nunca encontrarás a un hombre decente que se case contigo. Sin embargo, siete meses más tarde, me encontré con Wayne.  
Estaba aterrorizada de que mi madre pudiera tener razón.  Sin embargo, tras un mes  de citas, le dije a Wayne que había tenido un hijo. Yo sabía que nos estábamos enamorando y vi  que él  tenía el derecho a saber  mi historia. Después de contarla, él me llevó a casa y pensé, "Ahí va otro. Nadie quiere mercancía usada". Dos días más tarde, Wayne me llamó y me preguntó si podía venir a verme. Él me llevó a un lugar maravilloso en las montañas de San Gabriel, aparcó el coche debajo de un árbol, un  pino hermoso, se volvió hacia mí y dijo: "Patricia, no me importa dónde has estado o lo que has hecho. Lo que es importante para mí es lo que puedes ser para mí ahora y en el futuro ". Cinco días más tarde, él me pidió  matrimonio.
Nos casamos hace 36 años, 8 meses y 2 días, y él me ha amado a pesar de todo lo que había pasado. Hemos tenido tres hijas. Rezaba a Dios: "¿Por qué no me das un hijo para criar?" Y sentía que Dios me respondía que mi hija había nacido el día de Navidad para recordarme  que Dios sabía lo que era  entregar  a su único hijo.
Años después, el 20 de mayo de 1993, comenzamos un viaje a Missouri a la ciudad natal de mi hijo Bob. Habíamos acordado reunirnos en el estacionamiento de una tienda Wal-Mart. Cuando llegamos Wayne y yo, no vimos a nadie que pudiera ser mi hijo, así que esperamos en un banco fuera de la tienda. A los  10 minutos,  empezó a  caminar hacia nosotros un hombre grande. Le acompañaba una mujer. Yo le había descrito la ropa que llevaría  de modo que sabía cómo identificarme. Cuando se acercó, me sentí como una pieza de un puzzle que  acaba de encontrar su lugar. Nos dimos la mano. hablamos un poco y su esposa y él nos pidieron que los acompañáramos a su casa.
Esa noche, Bob nos llevó a mi marido y a mí a la casa de su madre para cenar. Era un honor conocer a la mujer maravillosa que había sido la madre de mi hijo y lo había criado. Siento un profundo agradecimiento por el trabajo que hizo ya que yo no lo podía hacer. Siempre ha sido una héroe para mí.
Le agradecí el trabajo maravilloso que había hecho en la crianza de mi hijo, su hijo. A pesar de que yo soy su madre biológica, ella es, de hecho, su madre. Ella hizo todas las cosas que hace una madre y las hizo bien. En mi mente siempre será su madre.
Antes de la cena, dijo, "Patricia, ¿tendrías inconveniente en bendecir  nuestra comida?". Fue un honor.
Aquel día fue muy especial ya que pude hablar  y abrazar a mi hijo por primera vez. Mi corazón se llenó de felicidad, y me sentía orgullosa de  haberle dado la vida, cuando otros me querían obligar a abortar.
Les narré los detalles de cómo ocurrió todo y que la única cosa que podía hacer en ese momento, por su bien y por el mío también, era entregarlo en adopción. Cuando conté  la historia, Bob dijo dos palabras que hicieron que la espera de 35 años valiera la pena. Me miró a los ojos y dijo: "Gracias".

El año pasado, una semana después de su cumpleaños, mi hijo me sorprendió por completo al recogerme y llevarme a comer a un restaurante que frecuentaba en mi ciudad natal. Le  presenté mi hijo a la camarera, diciéndole que era el hijo que había  dado en adopción. Mi hijo miró fijamente a la camarera, me señaló y dijo: "Quiero que sepan que ésta es una mujer muy fuerte". Mi corazón se llenó de orgullo cuando le escuché pronunciar esas palabras.
Espero que todos ustedes pueden apreciar  cómo Dios toma las miserias de nuestras vidas y Él las convierte en una bella imagen.

BIO: Patricia Lawrence es  mujer viuda, madre de 3 hijas y madre biológica de un hijo, abuela de 7 nietos, y bisabuela de 6. Ella reside en Las Cruces, Nuevo México en este momento, pero pronto se mudará a Peoria, Arizona, para vivir con una de sus hijas, ya que está perdiendo la vista. Patricia colabora con Salvar El 1 (Save The 1) y ha escrito un libro con  su historia.
http://salvarel1.blogspot.com.es/2017/02/tengo-78-anos-y-tuve-un-hijo-tras-una.html

viernes, 26 de mayo de 2017

La verdad sobre el aborto

Luego de someterse a tres abortos en diferentes recintos, Patricia Sandoval entró a trabajar a la organización abortista Planned Parenthood en EEUU, que en Chile tiene dos filiales: APROFA y Miles, las cuales hacen lobby en el Congreso chileno. Su labor principal como asistente médica bilingüe era ayudar a las mujeres y a los doctores durante los abortos, debido a que la mayoría de las “clientes” eran hispanas y afro americanas. Aunque su paso por la organización no fue muy largo —duró tres semanas—, asegura que fue un proceso traumático que la llevó a ser activista contra todo tipo de aborto. Aquí en El Demócrata denuncia cómo operan estas clínicas abortistas y el tipo de “acompañamiento” (o nulo acompañamiento) que realizan.
Patricia Sandoval tuvo su primer aborto a los 19 años. Asustada, cuenta que cuando tuvo dudas la doctora le dijo: “Patricia, yo he tenido dos abortos y practiqué dos abortos a mi hija. Ella está bien, yo estoy bien, y tú vas a estar bien. No estás haciendo nada malo. Sólo nos tomará 5 minutos”.
23 de Julio del 2015/ PENCO Iris Aguilera (33) a sus cinco meses de embarazo, se debió cambiar de domicilio, producto del problema con la instalación de un ducto de la empresa Essbio, que estaría generando malos olores en el sector de Penco, denunciaron el municipio y vecinos de la comuna, instancia en la que pidieron que la empresa sea obligada a modificar trazado del alcantarillado. El problema dice relación con la conexión que hizo Essbío para sacar el alcantarillado de cinco poblaciones, uniéndose a un ducto menor utilizado hasta abril pasado sólo por las 150 familias de la Villa Margarita, quienes actualmente sufren problemas de salud, afectando a niños, adultos mayores y personas embarazadas. FOTO: MARIBEL FORNEROD/AGENCIAUNO
A pesar de haber vivido en carne propia qué significa realizarse un aborto, asegura no haber tenido noción de lo que habían hecho. Luego de un tiempo, consiguió trabajo en Planned Parenthood, la transnacional abortista que tiene filial en Chile: APROFA. Lo primero que le llamó la atención fueron los protocolos —no médicos— que debía acatar.

Prohibido hablar de “papá” o “mamá”

“No podíamos tener fotos de familiares, sobrinos, hijos porque una mujer podía entrar a la clínica y verlas, y por ende no abortar. La meta de ellos es el dinero, y ven el aborto como un negocio”, cuenta Sandoval.
En esa línea, Patricia explica que al entrar a la organización recibió instrucciones de su supervisora. Órdenes precisas para llevar el aborto hasta el final:
“Tienes que hacer todo lo posible para convencer a estas chicas que aborten. Si tienen miedo y quieren dar marcha atrás, diles que tú también tuviste un aborto. Pero nunca digas las palabras “bebé”, “él”, “ella”, “mamá” ni “papá”. Debes referirte a su bebé como una bolsa de células, que no es nada”, relata Sandoval.
A las madres que abortarán le dan una cálida bienvenida, en línea con los protocolos de Planned Parenthood. Las asistentes médicas tranquilizan a las pacientes y les aseguran que es “un procedimiento fácil”, nada grande y que no corren ningún riesgo. Las madres aceptan y pasan a la consulta del doctor de turno. “Los médicos se rotan de clínica en clínica, de este modo si una mujer vuelve a la consulta y quiere reclamarle al doctor o tiene alguna complicación, el médico ya no está ahí”, relata Sandoval.

Abortos quirúrgicos o con pastillas

Las clínicas abortivas de Planned Parenthood realizan dos tipos de procedimientos: abortos quirúrgicos o con pastillas. Sandoval se realizó tres abortos quirúrgicos. “Dura 5 minutos. Lo hace un doctor que nunca has visto y te inyecta anestesia siete veces en el vientre para entumirlo y así no sientas nada. Esa anestesia es sólo para la mujer y no para el bebé”, afirma.
“Posteriormente te introducen la punta de la aspiradora llamada cánula —con la cual van desgarrando por miembros al bebé— y luego te hacen un raspado sacando los restos o lo que haya quedado en el vientre”. Para finalizar, Patricia cuenta que introducen en una “bolsa de células” —como les llaman en las clínicas abortistas— los restos humanos que se extraen y se botan. Este fue el problema en EEUU: Planned Parenthood vendía las partes humanas desmembradas.
El otro método que conoció Sandoval es el aborto con pastillas RU486. “La mujer toma la pastilla y prácticamente está abortando por 48 horas. Lo que ocurre es que aborta en su hogar, cuando está en la ducha o en el baño. Es más impactante, porque en la clínica si abortas por cirugía no ves las partes del bebé, pero en la casa la mujer puede ver al niño al tirar, por ejemplo, la cadena del baño. Esa imagen quedará en su cabeza y todos los días que entre al baño va a recordar ese bebé, sus partes y en definitiva el aborto que realizó”, asegura.

Foto de newbeginningsbrenham.org

Bebés gritando mientras los descuartizan

A dos días de su llegada a Planned Parenthood, Sandoval ayudó en un aborto. La clave para evitar que las mujeres desistieran estaba en la primera regla: “Patricia, nunca digas lo que sucede en la parte de atrás del consultorio”. Y de ahí las instrucciones no paraban. “No mires a los ojos a la mujer durante el aborto y mientras menor conexión o contacto uno tenga, mejor. No dejes que la mujer mire el visor durante la ecografía porque tal vez se desanima y no se realice el aborto”, recuerda que le explicaban en la clínica abortista.
Patricia cuenta que la principal razón de evitar que las mujeres vean la ecografía mientras ocurre el aborto es porque “hay evidencia de bebés que durante el aborto, mientras lo están descuartizando, gritan y se ven en el visor de la eco”.
05 de Enero de 2015/SANTIAGO Producción fotográfica sobre el aborto realizada con un feto de plástico simulando 12 semanas de gestación según la agrupación InforAborto. FOTO:VICTOR PEREZ/AGENCIAUNO
Esta joven relata que “la mayoría de las veces la mujer está angustiada, llorando. Lo que está esperando es que alguien la mire a los ojos y le diga: ¿Por qué lloras? ¿Por qué tienes lágrimas? ¿En realidad quieres abortar? ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás triste?”, preguntas que, según explica, el centro abortista no tiene permitido hacer.
Lo que sí se les permitía decir a los trabajadores de la clínica era que “el aborto era la única opción que tenía la mujer” y que nada de lo ocurriera ahí podría ser revelado. Es así como luego de tomar “la bolsa con lo extraído” —o “el fruto de la concepción” como se refieren en sus protocolos— se cuentan las partes del cuerpo para ver que estén todas. Con el chequeo listo, se pide la aprobación del médico para dar por finalizado “el procedimiento”.

“Supe que había asesinado a mis tres hijos”

“La primera vez que asistí un aborto, mi instructora hizo mi trabajo”, explica. “Tomó una pinza y empezó: ‘Aquí está un brazo’, luego encontró el otro, después las piernas. ¡Fue horrible! No podía creer lo que estaba viendo. Reconocí claramente la manito y los dedos del bebé. Traté de disimular, pero al ver la cabecita del bebé ¡no pude más! Vi su nariz, pestañas y cejas. Entonces supe que había asesinado a mis tres hijos. ‘¡Dios mío! ¿Qué he hecho?’, me preguntaba. Seguí trabajando algunos días, pero mi depresión empeoraba y no aguantaba más. Cada día, a la hora de almuerzo, me iba a mi auto a llorar desconsoladamente”.
Según advierte Sandoval, las clínicas de Planned Parenthood realizan más de 50 abortos semanales. A pesar del dolor que sentía Patricia al vaciar las bolsas con los restos humanos y de ver realmente el otro lado del aborto, continuó y su experiencia “se hizo peor”.
El caso que gatilló su renuncia a la clínica abortista fue un embarazo de gemelos con 6 meses de gestación. “Cuando llegó una joven con seis meses de embarazo con gemelos, ahí realmente me espanté. Ya no podía ver más bebés despedazados y menos podía ver morir niños de seis meses de gestación”, recuerda.

Lo que no se dice: Riesgo vital y trauma

A lo largo de los procedimientos y luego de quedar impactada por la frialdad de los doctores, Sandoval explica que “hay cosas que no te dicen durante la consulta. Nunca me dijeron todo lo que iba a sufrir después del aborto. Sólo me explicaron que podría sufrir de cólicos y un poco de sangrado, pero que me tomara una pastilla y estaría solucionado”.
Frente a los hechos, Sandoval se pregunta, ¿dónde queda el efecto emocional? Para ella, ahí está el problema: “No te dicen el trauma emocional, mental, psicológico y físico; ni te advierten que te puedes morir durante el aborto”.
En este tipo de intervenciones “siempre hay riesgo, en el momento que tú decides abortar, estás decidiendo que puedes morir, porque es una cirugía con muchas complicaciones. Esta es la única operación que se hace a ciegas, por lo que siempre hay un riesgo cuando se practica un aborto“, agrega.
23 Marzo de 2015/SANTIAGO Detalle de un mu–eco en representaci—n de un feto, en el marco de una manifestaci—n frente al palacio de la Moneda, en contra de los proyectos de aborto presentados por el gobierno. FOTO: PABLO ROJAS MADARIAGA/AGENCIAUNO

Restos humanos en cosméticos 

Cuando trabajó en el centro de California, Patricia se percató que las mujeres que visitaban las clínicas eran de diferentes edades, principalmente por la leyes que priman en Estados Unidos. Al cumplir 13 años se puede abortar sin el consentimiento del papá y la mamá, es decir, una adolescente puede ir a abortar y sus padres no se enteran.
“En Estados Unidos es más fácil hacerse un aborto que un tatuaje, perforarse un oído o sacarse una muela”, afirma.
Finalmente, Sandoval sentencia que el fin del aborto es “vender los órganos de los bebés abortados para fines cosméticos, cremas y una serie de productos. El dinero y el negocio del aborto continúa más allá de las clínicas”.
 http://www.eldemocrata.cl/noticias/mujer-que-trabajo-abortando-devela-lo-que-las-clinicas-abortistas-no-te-cuentan-mienten-por-dinero/

jueves, 25 de mayo de 2017

Feminismo radical


Feminismo: una ridiculez en permanente aumento. Por Agustín Laje



La agenda política de la ideología de género —y por lo tanto, del feminismo radical como epifenómeno de ésta— se basa en una estrategia de pasos progresivos: la radicalización de la práctica, las consignas y las demandas es una función del avance político ya obtenido.
Esto tiene un significado sencillo: no se puede ir más allá de cierto límite sin antes sobrepasar el actual. No podemos, por ejemplo, peticionar una ley que obligue al hombre a orinar sentado —como pide actualmente el partido de izquierda sueco— sin antes haber tenido éxito en otras causas menos controversiales a priori, como la del aborto o la ingeniería social del “cupo”.
De lo que se trata, lo hemos dicho muchas veces, es de mantener el conflicto social siempre constante y sonante. No importa en qué fase el feminismo se encuentre: siempre habrá espacio para articular nuevas demandas que tengan al “macho” y al “heterocapitalismo” como blanco favorito. Revolución gradual y pasiva, parafraseando a Gramsci.
Hay dos casos de suma actualidad que aquí deseo comentar brevemente, para ilustrar lo anterior.
Muy poco antes de realizarse el #tetazo en Argentina —un fracaso desde el punto de vista de la movilización; un éxito desde el punto de vista del eco conseguido en los medios hegemónicos—, en Barcelona las feministas ya estaban en otra fase de la lucha: el problema ya no era con los senos femeninos, sino con las ubres de las vacas.
“No a los lácteos, no a la explotación de ninguna fémina, el consumo de lácteos es MACHISMO. Las vacas son compañeras”. Tal como la transcribimos, era la consigna que el feminismo, articulado con el ecologismo radical, desplegaba en la avenida Puerta del Ángel de la ciudad Condal. El mensaje era simple: los seres humanos no pensamos en las vacas como “madres”, y por eso no entendemos que su leche está reservada a sus terneros (curiosa reivindicación maternal para quienes hacen del asesinato del ser humano por nacer no sólo un derecho, sino una apología moral: “yo aborté y me gustó”, suelen escribir en los muros). Ergo, consumir leche vacuna es una expresión más del “heterocapitalismo” y sus malditas industrias de explotación.
Mientras tanto, los transeúntes que por allí pasaban podían ver un reducido grupo de mujeres en ropa interior, cubiertas de pintura roja aparentando ser sangre, con tubos de plástico colocados en los senos simulando el mecanismo de extracción de leche. “No se nace vaca, llega una a serlo” podría haber sido un lindo eslogan para adicionar, de no ser por la confusión que éste potencialmente causaría en receptores acostumbrados al heterodoxo modelo estético del feminismo.
El otro caso que deseo comentar acaba de tener lugar, este mes, en Gran Bretaña: la Asociación Médica Británica, hegemonizada por la ideología de género, ha repartido una guía a sus trabajadores de la salud en la cual prohíbe que a las mujeres embarazadas se las llame “madres gestantes” para no “ofender” a la comunidad LGTB. Asimismo, prohíbe llamar “hombre” a quien biológicamente nace hombre, o “mujer” a quien biológicamente nace mujer: lo correcto ahora será decir “asignado hombre” y “asignada mujer”.
Daily Mail comenta que la raíz de esta locura fue el caso de una mujer travesti que quedó embarazada. Bajo sus fantasías de ser hombre, esta mujer encontró ofensivo que le dijeran que iba a ser “madre”, y esto llevó a una ingeniería del lenguaje que digita incluso la forma en que se debe hablar. Ayn Rand decía que “puedes ignorar la realidad pero no puedes ignorar las consecuencias de ignorar la realidad”: la ideología de género, en estos términos, no es sencillamente el desapego individual de la realidad, sino un desapego que se pretende colectivo por medios coercitivos.
Estos casos rayan el ridículo de manera ostensible. Pero el ridículo puede ser muy peligroso, cuando detrás de él se alza no simplemente una estrategia política bien diseñada, sino un Estado que empieza a “acorazar con coerción” (parafraseando nuevamente a Gramsci) la nueva hegemonía de la ridiculez.
 https://prensarepublicana.com/feminismo-una-ridiculez-permanente-aumento-agustin-laje/

miércoles, 24 de mayo de 2017

Eres más feliz siendo madre


¿ERES MÁS FELIZ SIENDO MADRE?
Me he lanzado a escribir este post sin haberlo pensado mucho, para que veáis que soy honesta… Vamos, que no me he pasado horas pensando y llegando a conclusiones muy profundas sobre si mi maternidad me ha hecho feliz o no, suficiente tengo con sobrevivir al día día con un bebé que apenas nos deja dormir, así que voy a ir lanzando ideas como si estuviéramos en una charleta delante de un café ¿os parece?
¿Y de qué quiero hablar hoy aparte de mi libro :-)? Pues de la felicidad y la maternidad/paternidad, ahí es nada… Y ¿Cómo salgo yo ahora con estos temas? Pues a raíz de los titulares que han ido saliendo estos días acerca de la maternidad de la periodista Samanta Villar y del libro que ha escrito sobre su experiencia.
Mis niños
Tengo que reconocer que al principio no le dí ninguna importancia a sus declaraciones, vale, ahora tampoco, cada uno es libre de soltar por su boquita lo que le de la gana sobretodo cuando tiene un libro que publicitar, pero poco a poco me ha ido creando un malestar que necesito canalizar. Vaya por delante que no he leído el libro así que me baso en los titulares que se han ido publicando, pero como justo estoy pasando un momento duro en lo que a maternidad se refiere por aquello de tener un bebito tan chiquitín, creo que puedo empatizar de alguna forma con ella y entenderla, o no. También y para contextualizar, la periodista convirtió la concepción (fue después de un tratamiento de reproducción asistida, no es que metiera la cámara en su dormitorio 😉 ), embarazo y parto en algo televisado por lo tanto su maternidad queda muy lejos de ser algo íntimo, con lo que la creación de controversia y los titulares polémicos son parte de la función.
los Tabuyo
Parto de la idea de que vivimos ahora mismo un momento en el que el concepto de maternidad ha pasado de considerarse un estado natural y para el que todas estamos preparadas con unos instintos súper potentes, a considerarla una especie de estado de nirvana en el que esperamos hallar la culminación de todas nuestras aspiraciones. Y hombre, ni tanto ni tan calvo…
Entre las muchas perlitas que ha ido sembrando la periodista a lo largo y ancho de los diferentes medios están frases tan demoledoras como “Tener hijos es perder calidad de vida”, “Yo no soy más feliz de lo que era antes” o “Adoro a mis hijos, pero es una relación tóxica”. Y entonces yo me digo: ¿Pero esta mujer pensaba que tiene algo que ver la calidad de vida con la maternidad? ¿Que los hijos son como una cama más grande o un sofá más cómodo? ¿O de verdad pensaba que ser madre va ligado irremediablemente a ser feliz?
Pues no, va a ser que no…
También, en mi intento por entender sus motivaciones para abordar este tema de esta forma (además del de su propia publicidad, insisto, no nos vayamos a engañar) hay que entender que sus hijos, tuvo mellizos, apenas tienen un año y eso es muy poquito tiempo para ponerse a valorar algo tan grande como es el ser madre. El primer año es duro, MUY DURO.
blanca gorroedit
La felicidad, la calidad de vida o las relaciones sanas tienen una base común y es el amor, pero no cualquier amor, nada que ver con sentimentalismos, ni con angelitos rechonchos armados, ni unicornios de colores, no, con AMOR en mayúsculas que es simplemente querer el bien del otro por encima de nuestro propio bien. Uno se siente amado cuando se siente cuidado, valorado y no juzgado. Cuando para darte algo no te pide cuentas de lo que previamente ya te ha dado, cuando no hay medida, ni negociaciones, ni pactos y eso, queridas, tiene como estado supremo la maternidad porque es el dar más desinteresado que existe.
¿Y eso tiene algo que ver con la calidad de vida? Pues nada de nada de nada. Que se lo digan a mis ojeras, mis bolsas en los ojos y este estado permanente de agotamiento que arrastro.
Anabel2edit
¿Y con la felicidad? Completamente. Por eso el ser feliz es compatible con la enfermedad, con la pobreza y con las circunstancias más adversas, pero también con la maternidad, el no tener hijos y el celibato ¿amas y eres amado? Pues seguro que eres feliz en muchos momentos, por mucho que tus hijos te saquen de quicio, te despierten mil veces o ese día hayan pasado por tu casa las siete plagas.
Por eso creo que algo de razón lleva esta periodista cuando dice que tener hijos hace que pierdas calidad de vida, pues claro muchacha, claro. Duermes menos y peor, tu tiempo ha dejado de ser tuyo y desde luego que los niños no hacen caquitas de los colores del arco iris. ¿Pero tu vida no ha cambiado de rumbo para convertirse en algo más importante? Has pasado de preocuparte de ti, y solo de ti, a coger tu tiempo y emplearlo en proporcionar seguridad, amor y confianza a tus hijos, carne de tu carne. Ya solo eso llena de valor cada sacrificio. Para mí hay un momento que resume todo lo que estoy diciendo y es cuando tengo a mi hija acurrucada en mi pecho y se me queda mirando fijamente y empieza a asomarle una sonrisa en los labios, en ese momento soy todo su universo, su felicidad, su bienestar, su seguridad y su vida. Y sí, en ese momento me siento la persona más importante del mundo, porque soy necesaria, mi vida es útil y tiene un sentido ¿hay algo que nos pueda hacer más felices? Definitivamente no.
elia
Por eso creo que esta chica anda despistada, creo que esperaba que su maternidad fuera la llave que le abriera la puerta a recibir una serie de experiencias y sensaciones como fin último, cuando es todo lo contrario, la maternidad tiene su sentido en la medida en que da, no en la medida en que recibe. El problema es que cuando esperas, pones sobre los hombros de tus hijos una carga que no les corresponde. Un hijo no viene al mundo para hacerte feliz, ni para darte bienestar, pero si es lo que estabas esperando y no lo recibes porque solo estás pensando en dormir más o en viajar más o en salir más, siempre más y más, es muy fácil transmitirle que es el objeto de tu frustración y eso es muy muy injusto. Es como lo de tener un hijo para que él pueda hacer todo lo que tu no pudiste o no fuiste capaz o para salvar tu relación de pareja y no, por Dios, qué injusticia.
victoria y leyre edit
Por eso entiendo en cierta manera que Samanta diga lo que dice, ¿que ahora no es más feliz que lo que era antes? Pues claro, mujer, si consideras que tu felicidad reside en la calidad de vida y en poder seguir haciendo lo que hacías, pues es bastante obvio que no eres más feliz. En lo de la relación tóxica ya ni entro porque no me he leído el libro y no encuentro ninguna razón o contexto que explique el sentido de esa frase.  Esos niños no han pedido venir al mundo, tú los has traído, así que toca emplearse a fondo para darles todas las herramientas que les permitan disfrutar de su niñez sin cargas que no les corresponden y para que puedan convertirse en adultos responsables y con la confianza suficiente que proporciona el haberse educado en un hogar en el que hagan lo que hagan o piensen lo que piensen son dignos de ser amados, solo por existir y no por la felicidad o comodidad que esperan sus padres recibir de ellos.
Blanca edit
¿Eso quiere decir que los hijos no te hacen feliz? Yo no hablo por nadie más que por mí misma y yo sí puedo decir que mis hijos me hacen feliz. Mucho, mucho. Ayer se levantó Marc y delante mío le dio los buenos días a su hermano mayor y éste le dio un abrazo, así sin más, un gesto sencillo y espontáneo que si yo no hubiera estado observando nadie se habría dado cuenta. Pues eso me hace inmensamente feliz. Hace unos días nos visitó el Ratoncito Pérez dejando a Marc tres cochecitos, él, al ver que eran tres, dio por sentado que era uno para cada uno y los repartió emocionado con sus hermanos.Tendríais que haber visto mi cara de tonta absoluta. O esta misma mañana que ha venido Álex a mi habitación y al ver a su hermana despierta se ha subido a la cama y le ha dado un beso de buenos días y le ha preguntado si había dejado dormir más a mamá, como si la chiquitina le fuera a responder. Y sí eso me hace feliz, me esponja el corazón. Porque todo eso es amor, puro amor. Lo único capaz de hacernos felices.
Laura edit


Etiquetas: , , maternidad
 http://www.lorenavalera.com/mas-feliz-siendo-madre/

martes, 23 de mayo de 2017

Homosexual detenido por pedofilia

ESTOCOLMO, 31 Oct. 14 / 04:05 pm (ACI).- Stefan Johansson, ex presidente de la Federación Sueca Para la Igualdad Sexual (RFSL, por sus siglas en sueco) en la localidad de Halland, fue condenado el 24 de octubre a cinco años de prisión por violación, proxenetismo y explotación sexual de menores.
Según informó la prensa local, Johansson, de 44 años, dio alcohol y drogas a menores a cambio de tener relaciones sexuales.
En el caso también se encontró la malversación de más de 3 mil dólares destinados a investigación sobre el Sida.
En una publicación en su perfil de Facebook, el 18 de julio de 2013, Johansson convocó al evento de “Día de Educación” sobre “actores visibles invisibles” a “personas LGBT (Nota del redactor: lesbianas, gay, bisexuales y transexuales) con experiencia en vender y o adquirir servicios sexuales”, así como a “jóvenes que venden sexo en internet”.
La RFSL que presidió Johansson fue fundada en 1950, y supera actualmente los 6 mil miembros. Desde 2007, es reconocida por Naciones Unidas como organización no gubernamental de carácter consultivo.
Esta organización fue una de las principales promotoras de la legalización del mal llamado “matrimonio” gay en Suecia, cosa que logró en 2009. La RFSL mantiene relación con el Grupo de Trabajo de Pedofilia (PAG, por sus siglas en sueco), que promueve políticas a favor de las relaciones sexuales entre adultos y menores.
Esta organización del lobby gay es el departamento sueco de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gay, Bisexuales, Trans e Intersexuales (ILGA, por sus siglas en inglés), que avaló por cerca de diez años una política de promoción de la pedofilia.
Además de los cinco años de prisión, el tribunal sueco condenó a Johansson a pagar 60 mil euros (alrededor de 75 203 dólares).
 https://www.aciprensa.com/noticias/lider-del-lobby-gay-condenado-por-pedofilo-95733/

lunes, 22 de mayo de 2017

La verdad sobre la violencia doméstica

Erin Pizzey fue la primera persona en organizar un refugio para mujeres víctimas de violencia en el hogar, pero las feministas la odian. Fruto de su trabajo, pronto empezó a discrepar de la línea oficial contra el "patriarcado" que señala al varón como culpable único e inevitable.

Erin Pizzey fue la primera persona en abrir un refugio para mujeres maltratadas.
Erin Pizzey fue la primera persona en abrir un refugio para mujeres maltratadas.
Apenas dos años después de que las revueltas del mayo francés de 1968 lanzaran de forma definitiva a la arena política el feminismo de raíz marxista que mutó al capital por el hombre como enemigo a abatir, Erin Pizzey ya estaba combatiendo la violencia familiar.
Nacida en 1939 en China por motivo del destino diplomático de su padre, en 1971 puso en marcha en los arrabales londinenses de Chiswick la primera casa de acogida para mujeres maltratadas que se conoce.

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En vez de ser recordada por el movimiento feminista, Pizzey pronto se vio señalada y perseguida por negarse a que la ideología política le impidiera ver la realidad que ella se había propuesto atajar.
Tal fue su empecinamiento en no doblegarse a los postulados marxistas del feminismo militante que la reacción violenta no se hizo esperar y en 1981 tuvo que irse a vivir a los Estados Unidos. La persecución se mantuvo allí y vivió en las Islas Caimán e Italia antes de volver a Londres a finales del pasado siglo.
“Desde el principio yo era consciente de que la violencia doméstica no era una cuestión de sexo”
Estas son algunas de las verdades de Erin Pizzey que el feminismo no ha logrado digerir:

La violencia no tiene sexo

“Desde el principio yo era consciente de que la violencia doméstica no era una cuestión de sexo. De las primeras cien mujeres que entraron en el refugio, sesenta y dos eran tan violentas, o en algunos casos más violentas, que los hombres que habían dejado atrás”.
“Ambos sexos son lesionados cuando se exponen a la violencia y cualquier sexo puede convertirse en víctima o agresor. Mucha de la violencia puede ser consensuada, es decir, ambos compañeros son violentos creyendo cada uno que el otro es el agresor”.

La violencia se aprende, no es por sexo

“La violencia en las relaciones interpersonales es un patrón de comportamiento aprendido en la infancia temprana. Algunos chicos que son expuestos a la violencia de manos de sus cuidadores primarios, generalmente madres y padres, interiorizan el comportamiento abusivo y en adelante utilizan la violencia y el abuso como una estrategia de supervivencia”.

Erin Pizzey posa con miembros de la banda de rock The Who en su refugio para mujeres agredidas en los 70.
Erin Pizzey posa con miembros de la banda de rock The Who en su refugio para mujeres agredidas en los 70.

Existen mujeres violentas

“Las estadísticas británicas muestran que la violencia doméstica se reparte casi equitativamente entre hombres y mujeres. Da igual lo mucho que lo digas o que lo señales”.

Existe una “industria del maltrato”

“Un gigantesco plan propagandístico ha sido perpetrado y se han realizado estadísticas insostenibles para alimentar una política ideológica desatrosa y dañina, que ahora es una industria de un billón de dólares en todo el mundo, que discrimina a muchos padres y hombres inocentes”.
“La feministización de la familia y de la sociedad occidental ha causado que los hombres se conviertan en unos parias”

El daño de la mujer víctima, indefensa e infantil

“El movimiento feminista rechazó resolutivamente cualquier argumento en el que las mujeres pudieran tener responsabilidad en su elección de relaciones. La imagen de mujeres como víctimas, como indefensas e infantiles dependientes de los brutales hombres a lo largo del mundo, ha dañado las relaciones entre los sexos”.

El feminismo ha hecho un ‘paria’ al hombre

“La idea de que la familia es un peligro para las mujeres y los niños ha destrozado mucho de nuestros tradicionales conceptos sobre el matrimonio. La feministización de la familia y de la sociedad occidental ha causado que los hombres se conviertan en unos parias y en una fuente de ridículo a los ojos de sus hijos”.

La “patraña” de echar la culpa al patriarcado

“El objetivo, en vez de ser el capitalismo se cambió al patriarcado. Todo era culpa de los hombres, del poder que los hombres tienen sobre las mujeres. Y la segunda parte del argumento era que todas las mujeres son víctimas de la violencia de los hombres, que se debe al patriarcado. Y eso es una patraña”.
 http://www.actuall.com/familia/las-7-ideas-por-las-que-el-feminismo-odia-a-la-exfeminista-erin-pezzy-la-primera-mujer-que-ayudo-a-maltratadas/

viernes, 19 de mayo de 2017

Padre impide un aborto

SENTENCIA HISTÓRICA

Resolución judicial impide continuar con interrupción de embarazo ante demanda del padre

23.02.2017

MONTEVIDEO (Uypress) - Este 21 de febrero, en un juzgado del interior, la jueza actuante resolvió acceder a la demanda de un padre ante la decisión de su pareja de proceder a la interrupción del embarazo según lo establecido en la Ley 18,987. También se elevó la demanda a la Suprema Corte de Justicia por el recurso de inconstitucionalidad presentado.

Se trata de una situación única hasta el momento en Uruguay, luego que se promulgara la ley que permite la interrupción del embarazo.
Una pareja, en el marco de relaciones consentidas, produce un embarazo. La mujer no quiere seguir adelante con el mismo. Comienza las gestiones para interrumpirlo. El hombre no está de acuerdo con su pareja y le manifiesta que él si quiere tener a su hijo/a. Cuando ve que no puede convencer a su pareja le manifiesta que él se hará cargo de niño/a y todo lo que sea necesario. Su pareja no cambia de opinión.
Las diferencias entre ambos llevan al padre a interponer una acción legal que lo ampare en su derecho y en el derecho de niño/a en gestación.
Este 21 de febrero la jueza actuante resolvió "Hacer lugar a la demanda de amparo, disponiéndose la suspensión por parte de XXX XXXX (omitimos nombre de la institución de salud) del proceso previsto en la Ley 18,897 respecto de la Sra. xxxxxx, dirigido a la interrupción del presente embarazo atento a la falta de prueba por falta de registro en el cumplimiento de los requisitos previstos en Art. 3 Inc 1ª de de dicha ley" y agrega " Comuníquese al MSP- a la Dirección General de Secretaría del dicho ministerio lo resuelto a los efecto de ser tenido en cuenta si corresponde".
La demanda presentada tiene dos reclamos, por un lado el amparo y por otro la inconstitucionalidad de la ley. Es así que dice la jueza en su sentencia "el encuadre jurídico del tema por el que presenta la acción de amparo, analiza sus elementos, plantea también la acción de inconstitucionalidad, y solicita la adopción de medidas cautelares de protección para salvaguardar la vida de su hijo prohibiendo continuar procedimientos tendientes a poner fin al embarazo de la accionada, teniendo presente que el bien supremo a proteger es la vida, derecho superior e inalienable, que se encuentra por sobre cualquier otro derecho de terceras personas y que como tal debe de prevalecer".
El amparo fue concedido por la jueza actuante y el recurso de inconstitucionalidad fue remitido a la Suprema Corte de Justicia. La medida de amparo es compleja en el sistema judicial y su uso está claramente delimitado. En tanto, en este caso, la jueza dictaminó en su sentencia que "es procedente la acción instaurada por la parte actora, entendiendo que no tienen otra acción o forma legal de obtener reconocimiento a su derecho en tiempo como para evitar la lesión al derecho humano a la vida de su hijo".
En otro pasaje de esta sentencia, seguramente histórica en el derecho uruguayo, dice la jueza "Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente". También agrega que la continuación del procedimiento de interrupción del embarazo "significa un daño violatorio de los derechos de la personalidad, consagrados en los art 72 y 332 de la Constitución Nacional, dado que se lesiona el derecho a la vida del concebido".
Un pasaje de la sentencia destaca que "la ley no puede entenderse e interpretarse como una operación matemática que con todo respeto parece que se pretende: vio al médico, vio al equipo, expresó razones - etapa que no fue asentada-, está dentro de las doce semanas = corresponde la interrupción del embarazo". Dice a continuación que "La propia ley 18.8987 en sus principios generales establece la garantía que brinda el ESTADO al derecho de procreación responsable y consciente, reconoce el valor social de la maternidad, tutela la vida humana".
También expresa la sentencia de la jueza actuante que "Por eso debe de existir seriedad en la aplicación e interpretación de esta ley junto a todo el sistema jurídico nacional, so pena de que quienes son directamente perjudicados queden en estado de auténtico desamparo, en forma irremediable. Y entonces esto justifica la actuación inmediata de la justicia, a requerimiento del progenitor, que pide se protejan los derechos de su hijo y se adopten medidas de protección, pues de lo contrario se dejaría en la indebida indefensión los derechos del concebido".
La jueza reconoce los derechos de la mujer sobre su vida reproductiva y expresa que "No cabe duda que la mujer tiene derecho a decidir sobre su capacidad o autonomía reproductiva, como planear su familia, a estar libre de interferencias al tomar esas decisiones. Y todos esos derechos pueden ser ejercidos en plenitud antes del embarazo, al tener la mujer a su disposición cada vez con mayor amplitud". Pero agrega que "Una vez producido el embarazo la situación es otra porque al haber un ser humano nuevo con derechos inherentes a su condición de tal protegidos legalmente, la decisión de interrumpir el embarazo no atañe solo a su cuerpo sino que realmente también afecta a otro ser humano, con vida, la vida que tutela en sus principios generales la misma ley 18.987".
En las "CONSIDERACIONES FINALES" de la sentencia dice la jueza "dado lo opinable y discutible que puede ser el tema, la suscrita quiere dejar expresado el profundo respeto desde el punto de vista humano y jurídico que por cada uno de los integrantes del proceso y de sus posiciones siente, y que la decisión a la que se arriba ha sido claramente explicitada y fundada, sin perjuicio de mejor o diferente opinión obviamente".
Uypress consultó al Dr. Federico Arregui, patrocinante de la demanda iniciada por el padre, para que nos diera su opinión sobre la Ley 18.987.
"Creo que la Ley 18.987, que reguló lo que se denominaba aborto, y lo despenalizó, y permite a la mujer disponer sobre la interrupción del embarazo dentro de las 12 semanas, este fallo y esta situación concreta, lo que demuestra es que hay una aspecto de la ley que no fue contemplado por los legisladores y que debería ser modificado. En este caso concreto había un hombre, el papá de la criatura, que quería que el niño nazca, quería hacerse cargo tanto afectivamente como económicamente pero la mujer igualmente quería abortar. Inclusive él llegó a manifestarle  que estaba dispuesto a que se lo dieran, ni bien naciera, para él criarlo. Creo que es injusto con el hombre, que quiere ser un buen padre, no escuchar su voz y que sea atendible en situaciones como esta. El legislador no previó esto, el legislador no puede prever el universo de situaciones que se pueden darse en la realidad. Lo bueno es que el Poder Judicial, ante un caso concreto, es capaz, utilizando todos los instrumentos jurídicos que se posee en un república, que no es solamente la Constitución y las leyes sino también los pactos internacionales que están mencionado en la sentencia como la Convención Interamericana de Derechos Humanos y la Convención Interamericana de Derechos del Niño y el Adolescente, que hablan del 'concebido', marcan un antes y un después en el Uruguay. Ahora está en la cancha de los legisladores darse cuenta que aquí hay un caso que debe ser contemplado con un pequeña modificación a la ley. Cuando la mujer quiere abortar, pero hay un papá que quiere hacerse responsable de ese niño, no se active el sistema de interrupción voluntaria del embarazo. Es cierto que la mujer es dueña de su cuerpo y puede hacer de él lo que desee, pero no deja de ser menos cierto que esa criatura que ella tiene en su interior, para algunos por lo divino de la concepción y para otros por la naturaleza de la evolución humana, no parecería justo que decidiera simplemente ella privarle de la vida a una criatura inocente, que por más que no haya nacido el feto dentro de la panza de la mamá siente las agresiones y los estímulos externos".



Milton A. Ramírez
mramirez@uypress.net
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias
http://www.uypress.net/auc.aspx?75331

jueves, 18 de mayo de 2017

La cirugía no te convierte en mujer


Asegura extransexual arrepentido

«La cirugía no te convierte en una mujer»

Walt Heyer, ex transexual que se arrepintió del cambio de sexo luego de su encuentro personal con Dios contó su historia durante una conferencia de Courage en Phoenix.

(ACI/InfoCatólica) «La cirugía no te convierte en una mujer», aseguró recientemente Walt Heyer, ex transexual que se arrepintió del cambio de sexo luego de su encuentro personal con Dios.
Heyer contó su historia durante una conferencia de Courage en Phoenix (Estados Unidos) entre el 9 y 11 de enero de 2017, a la que asistieron docenas de miembros del clero y apostolados de todo el país que buscan servir mejor las personas que experimentan atracción por el mismo sexo o afrontan el tema de la transexualidad.

Inicio de sus problemas

Heyer recuerda el momento en que comenzó a querer ser niña: a los cuatro años su abuela lo obligaba a colocarse vestidos, e incluso, le confeccionó uno.
Aquel fue un secreto que el niño no reveló a sus padres a petición de su propia abuela.
«Ese vestido puso en marcha una vida llena de disforia de género, abuso sexual, alcoholismo, drogas, y finalmente, una cirugía de cambio de sexo innecesario. Mi vida fue destrozada por un adulto de confianza que disfrutó de vestirme como una chica», aseguró en su testimonio.
A la edad de 7 años, Heyer llevó a casa el vestido y lo escondió en uno de sus cajones. Al poco tiempo su madre lo encontró y se lo reprochó. Fue entonces cuando decidió contarles a sus padres que su propia abuela lo había vestido como una niña durante años.
Los padres de Heyer no tenían el vocabulario ni los recursos para saber cómo manejar la situación. Su padre reaccionó por miedo e implementó medidas disciplinarias muy severas.

Abuso sexual familiar

Un tío de Heyer se enteró de la historia y comenzó a burlarse de él. Eventualmente, abusó sexualmente del niño.
«Usted ve que las personas que tienen un pensamiento desordenado están sufriendo. El problema es que no sabemos qué hacer con ellos», dijo Heyer.
El deseo de ser una mujer –ser alguien más que el niño maltratado y herido– permaneció con Heyer en la adultez, a pesar de haberse casado con una mujer y tener dos hijos.

Cirugía de cambio de sexo

A los 42 años, se realizó una operación quirúrgica de cambio de sexo y le pidió a sus amigos que comenzaran a llamarlo Laura Jensen.
«Comenzó como una fantasía y continuó del mismo modo, porque la cirugía no te convierte en una mujer. No es más auténtico que una falsificación de 20 dólares. No puedes cambiar a una persona biológicamente hombre en mujer», detalló.

Petición a la Iglesia

En su conferencia, Heyer aseguró que lo que debe hacer la Iglesia es desafiar con suavidad pero con firmeza a la gente, en lugar de afirmarlos en la disforia de género.
«Si los afirmamos en los géneros cambiantes, en realidad estamos siendo desobedientes a Cristo, porque eso no es lo que son. Los hizo hombre y mujer», aseguró.
También dijo que los sacerdotes y los que están en el ministerio en la Iglesia necesitan estar mejor informados sobre las consecuencias físicas y emocionales a largo plazo de la cirugía de cambio de sexo.
«Porque no estamos hablando de las consecuencias. Solo estamos hablando de la transición, que se ve bien entre 8 a 10 años», pero que –asegura– en ese punto muchas personas desean volver a su sexo original.
Después de menos de 10 años, y una experiencia de conversión, Heyer lamentó su cirugía y deseó vivir como un hombre de nuevo.
Ahora dirige un sitio web llamado sexchangeregret.com, donde cientos de personas lo contactan cada año, compartiendo sus propias experiencias similares.
 http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=28653

miércoles, 17 de mayo de 2017

Los hermanos de los niños abortados

“Mi mamá no sabe que yo descubrí el aborto que tuvo. Ella sufre y yo quiero ayudarla, pero no se cómo”.
Anne me contó esto cuando vino a buscar consejo y ayuda. Ella había oído una conversación en la que su madre hablaba sobre un aborto en el pasado. Anne no sabía qué hacer, ni qué decirle a su mamá – y su mamá estaba desesperada.

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La niña sabía que su madre estaba sufriendo, pero también sabía que necesitaba expresar su propio dolor por aquella noticia.
Por eso, dudaba en acercarse. Se sentía sola, aislada; buscaba un lugar donde alguien comprendiera lo que estaba sucediendo y, al mismo tiempo, no juzgara a su mamá, a quien ella amaba y sentía que necesitaba ayudar.

Anne estaba sola

Con alrededor de 55 millones de abortos realizados en Estados Unidos, existen otros millones de niños como Anne que han perdido a un hermano que ni siquiera había nacido. Algunos supieron del aborto sin que los papás lo dijeran; otros, fueron los propios papás quienes les dijeron; otros aún en que existe aquella sensación de que falta alguien.
Andrew, que había siempre deseado un hermano más grande, explicó así su reacción cuando la mamá le contó que había tenido un aborto: “De repente, toda mi vida empezaba a hacer sentido – cada angustia, cada tristeza. Yo había sentido la partida de mi hermano en mi corazón durante toda mi vida”.
Muchos hermanos de niños abortados expresan experiencias parecidas de “haber sabido siempre” que faltaba alguien y haber logrado entender pedazos de su historia al descubrir el hecho.
La decisión de contar, cuándo hacerlo y si es necesario contar al niño sobre un hermano abortado requiere discernimiento.
Revelar al hijo el secreto de un aborto y quitarle ese peso de los hombros no engloba la cuestión. Oír al propio hijo decir “yo te perdono” no disminuye el impacto que el aborto ha dejado en tu vida. El hecho de que no comparta sus sentimientos contigo no quiere decir que tu hijo no sufra las consecuencias por la pérdida del hermano. Él va a enfrentar muchas cuestiones que rodean el aborto. Muchas veces, los niños no comparten esos sentimientos negativos con los padres porque no quieren causar más dolor a aquellos que aman: ellos sabes que los papás ya sufren con ello.

¿Por qué él no?

Magaly me confió: “Después del aborto que tuvo mi madre, yo empecé a no sentirme bien con mis papás, incluso sabiendo que ellos me amaban y que siempre habían cuidado de mí. Yo sentía que necesitaba ‘merecer’ su amor, que necesitaba justificar, de algún modo, el hecho de que ellos me ‘permitieran’ nacer”.
La realidad de estar vivo cuando tu hermano no lo está es difícil de enfrentar, incluso cuando, en la mayor parte de los casos, el aborto supuestamente no tenga nada que ver con el hermano vivo, haya él nacido antes o después. Surge, en muchos casos, un sentimiento de “¿por qué yo estoy aquí y mi hermano no?”. Y también surgen preguntas: “¿Será que yo estaría aquí si él hubiera nacido?” ¿Será que mi nombre sería el mismo?”.
Las preguntas son muchas, pero, con frecuencia, no existe quien ayude a los niños a responderlas. Un niño me dijo: “Yo habría querido no descubrir nada sobre el aborto, pero oí unas conversaciones que me hicieron sospechar. Cuando yo tenía 11 años, le pregunté a mi mamá si ella había pensado en abortar. Ella me respondió de una manera gentil y honesta “sí”. Estábamos en la cocina. Yo recuerdo que tuve que salir”.
“Cuando estuve solo, sentí que las piernas me temblaban. Empecé a llorar en silencio, controlando el llanto. Yo amaba con todo mi corazón a mis tres hermanos que estaban vivos. De muchas formas, mi identidad tenía que ver con ellos. No lograba entender por qué mi madre pensaba que yo podría no amar de la misma manera a mi hermano abortado”.
En medio del sufrimiento existe, de alguna forma, la misericordia de Dios. Encontrar ayuda para aliviar el dolor y aprender las dinámicas implícitas del aborto y su influencia es muy importante para comenzar a rehacerse. Dios puede transformar ese intenso sufrimiento y traer paz, perdón, reconciliación y alegría a las familias desgarradas por el aborto, si se acercan a Él.
Teresa Bonopartis es directora en Estados Unidos del programa post aborto Lumina. También ha colaborado en el desarrollo del modelo pastoral post aborto Entering Canaan.
 http://es.aleteia.org/2017/02/22/mama-por-que-lo-hiciste-yo-queria-un-hermano/

martes, 16 de mayo de 2017

Tolerancia

Tolerancia: un valor frecuentemente citado, vaciado de contenido y monopolizadoLa tolerancia hacia las personas es algo lícito y conveniente, no así la aprobación del mal moral o del error: estos permanecerán siempre como reprobables.
Por: Jorge Enrique Mújica, L.C. | Fuente: Virtudes y Valores
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La tolerancia es uno de los valores que hoy por hoy están más a flor de piel en la vida de tantos seres humanos. Pero su auge, sobre todo a partir de los movimientos juveniles de los años 60´s del siglo pasado, ha fraguado una idea que quizá imperceptiblemente se apartó de la concepción original del concepto.
Actualmente la palabra tolerancia se usa recurrentemente como sinónimo de respeto ante los actos o modos de pensar del otro, incluso cuando no se está de acuerdo.
El concepto de tolerancia nació en un contexto religioso, concretamente en el de la segunda mitad del siglo XVII, cuando aquella famosa frase cuius regio, eius religio (de tal reino, tal religión) era realidad: los príncipes y reyes imponían a sus súbditos la propia religión. Debemos al inglés John Locke las bases y el desarrollo primario de la palabra, explícitamente tratados en su Carta sobre la tolerancia, inicialmente publicada en lengua latina. Así, la tolerancia estuvo vinculada desde el comienzo al derecho a la libertad religiosa.
Desde un comienzo tolerancia también implicó un contenido moral en cuanto que hacía relación a soportar un mal, tanto en el orden práctico (los pecados), como en el orden especulativo (los errores), cuando existían razones para ello.
En nuestros días se da de hecho una confusión. Y es que tolerancia no significa respeto al error o al “pecado” cuanto a la persona que vive en el error o en el pecado. En este marco no se puede aplicar el valor de la tolerancia pues eso implicaría atentar contra el derecho a la verdad, al bien y a la libertad. Tolerar no significa permitir el mal.
La tolerancia hacia las personas es algo lícito y conveniente, no así la aprobación del mal moral o del error: estos permanecerán siempre como reprobables.
Por otra parte, suele olvidarse una dimensión más de la tolerancia que es aportación netamente cristiana. Se trata de la “caridad” aplicada al valor “tolerancia”. ¿Qué significa esto en la praxis? Que no se trata únicamente de soportar al que yerra o al que vive en el mal, también implica una preocupación por él, un acompañamiento, e incluso una conversión a la verdad y al bien. Se le respeta pero respeto no significa indiferencia o despreocupación; la tolerancia auténtica acompaña y se ocupa. Precisamente por eso se convierte en cercanía y no en olvido.
Desgraciadamente algunos han querido monopolizar el valor de la tolerancia para aplicársela exclusivamente a sí mismos y, además, lejos de su significado real. En nuestros días se usa la bandera de la tolerancia para justificar la mentira y el error. Y cuando alguien osa, con respeto y desapasionamientos, tratar de encauzar hacia la verdad y el bien, o simplemente recordarlos, se le tacha de “intolerante”.
En este sentido, ¿no deberían vivir también la tolerancia quienes han querido monopolizar el uso de la palabra y dotarla de un falso contenido? Ahora todos aquellos que reivindican la verdad sobre la inviolabilidad de la vida, desde la concepción hasta su término natural, de la familia fundada en un matrimonio de por vida entre un hombre y una mujer, sobre la libertad religiosa o sobre el derecho de los padres a la educación de sus hijos según sus convicciones, son estigmatizados como “intolerantes” y se les exige respeto. Quienes piden tolerancia hacia su modo de ser, pensar o vivir, ¿no estarían en la misma obligación de profesar lo que piden hacia quienes piensan distinto y además dan argumentos para ello?
Ciertamente no se puede olvidar que la tolerancia nunca se podrá entender como monólogo. La tolerancia es también un “diálogo” en el sentido etimológico del término: dos palabras en camino hacia un destino común de avenencia. Y sería erróneo perder de vista que el fondo de ese diálogo debe ser el respeto, la mutua comprensión, el interés por el otro, y que la verdad y el bien son sus metas finales. La tolerancia excluye el relativismo.
 http://es.catholic.net/op/articulos/8265/